Un relato que se lee en un abrir y cerrar de ojos. Lo vi un día que estaba gratis en Amazon y decidí darle una oportunidad. No esperaba gran cosa, pero la verdad es que Ewan y Natalie, los protagonistas, me han gustado y me han dejado con ganas de más.
Tras pasar por una época complicada, Natalie decide vivir un tiempo en un pueblo que la cautivó siendo una niña. Lo que no esperaba es que, nada más llegar, su destino se cruzara con el de Ewan, un lobo tras el que se oculta un hombre apasionado.
El inicio está bastante bien. Se describen correctamente las circunstancias de Natalie y los motivos por los que desea encontrar cierta paz y felicidad. Esas primeras páginas no parecen escritas a la prisa y realmente dan la impresión de ser el comienzo de un libro más extenso. Sin embargo, una vez que Natalie y Ewan se conocen, se pierde gran parte del encanto. A ver, quiero explicarme bien: a nivel individual, ambos me cayeron genial, el problema es que lo suyo es un instalove bestial. Es cierto que la autora lo justifica amparándose en la naturaleza sobrenatural que tendrá su relación, pero yo no pude evitar que me pareciera exagerado. Aunque la pasión y la atracción son creíbles, faltó crear un vínculo emocional que fuera más allá del simple deseo.
En todo caso, la narración es muy fluida y no negaré que le cogí cierto cariño a los protagonistas. Además, a pesar de ser la 2º parte de una saga, se puede leer de forma independiente. Seguramente, las características de los lobos y su origen se explicaron mejor en el 1º libro, pero no es complicado atar cabos y entender bien la historia.
La puntuación real sería un 2,5/5, ya que tampoco es que sea una lectura inolvidable, pero redondeo la nota al alza porque quería leer algo corto que me atrapara y esta obra cumplió mis expectativas.