La casa es un envoltorio. Ella nos protege, y en los sueños a menudo representa nuestro cuerpo. Pero si bien es un refugio, conserva una parte de misterio. Un piso que cruje es quizá un fantasma que pasa; un objeto largo tiempo perdido y encontrado es todo un pasado que resurge. Sin embargo, la casa se comparte. Salvo que uno viva como un ermitaño, nunca está solo en su casa. Esta contiene una familia, así no fuera sino por los recuerdos que dejaron quienes allí vivieron; así se crea su alma. Los deseos, expresados o silenciosos, de quienes allí habitan se cruzan, se encuentran, se oponen; así se fabrica el inconsciente de la casa. Patrick Avrane nos lleva a los diferentes apartamentos de Freud, al seno de las construcciones de Le Corbusier, al refugio de Robinson Crusoe, a las viviendas de Émile Zola o de Jules Barbey d’Aurevilly. Nos hace visitar las casas, tanto imaginarias como reales, descritas por Daphne du Maurier o por Georges Simenon. Y también, a partir de su experiencia y de su mirada sobre Vermeer, Edward Hopper o Magritte, así como sobre extrañas casas de muñecas del crimen, a través de su escritura penetrante nos hace descubrir los secretos del alma de las casas y los móviles de su inconsciente
Casas, cuando el inconsciente habita los lugares de Patrick Avrane “Nosotros habitamos una casa como habitamos nuestro cuerpo y vivimos en el mundo, con nuestras creencias, nuestros temores, nuestras alegrías y también toda nuestra historia pasada y nuestras esperanzas venideras. Si la casa tiene un alma y un inconsciente es por que hombres y mujeres no dejan de construirla” Transita a partir de la teoría de Freud del yo y el súper yo, de la misma vida del psicoanalista, la de Freud y la propia, se apoya con la historia del arte pasando por Lorenzo lotto, Vermeer, Hopper, Renoir, Matisse, entre muchos más, para mostrarnos cómo las pinturas iban reflejando los cambios en la forma de habitar, las condiciones de intimidad, contrastes entre de los lugares que pueden considerarse privados y públicos. Inevitablemente la arquitectura está transversal al libro, y como arquitecta genera una sensibilidad mayor y una reafirmación de la esencia de los espacios, de cómo influimos en esa construcción de ciudad, pero de no olvidar que los espacios existen sólo si son habitados. Le Corbusier, Hitchcock, Marcel Proust, Daphne du Maurier, Zola, Georges Simenon, Psicoanálisis, arquitectura, literatura, cine y un montón de referentes para desarrolllar el libro y la idea del inconsciente o el alma de las casas y las implicaciones, retos o complejidad de compartir una casa. “Vivir juntos en una casa es también vivir con la casa. El ideal del yo depende de los habitantes, el superyó se encarna en la casa. Vivir juntos en una casa es permitir que el ideal del yo de los ocupantes del hogar encuentre su sitio en una construcción que sostenga los valores del superyó.” “La casa nos representa, y las representaciones de casas son como nuestros espejos inconscientes” “Sin embargo, vivir juntos en una casa no es simplemente cohabitar; compartir un lugar es aceptar el gato del otro”
Síntesis personal de algunos temas que me interesaron: 1- Como sería el espacio de las casas a lo largo de la historia del mundo? (El espacio=el negativo) 2- Esquema corporal del dogma (impuesto) vs propiocepcion, y modos de habitar. (Le corbu, bla) “el límite del cuerpo es semejante a las paredes de la casa” 3- Compartir una casa es compartir un territorio. Inventar un territorio nuevo, conjunto. “El inconsciente de la casa participa del ideal del yo” (superyo) 4- Encontrar(inventar?) los lugares para conjurar nuestros propios misterios.
Me esperaba mucho más. El título y la reseña no se ajustan a lo que luego es el libro. Esto no es malo de per se, pero en este caso sí, ya que no me ha conseguido atrapar, me ha hecho reflexionar poco y el contenido era superfluo.
Libro absolutamente fundamental para el estudio crítico literario y para curiosear el porqué de tanta metáfora obsesiva con las casas. Un goce de lectura y descubrimiento.
La casa como objeto, causa, consecuencia, excusa de consumo; como portadora y creadora de costumbres; hacedora de la noción de lo «privado»; refugio, legado, molde psicológico donde el inconsciente da sus primeras señales; espacio donde surge el tiempo para dejar(se) ser y exprimir la soledad con el fin de escaparle a un mundo -o a miles de mundos- y, así, entrar y (co)habitar en otro: el vasto universo interior.