Leí los primeros capítulos de Venganza guiada por la preciosa portada y porque lo que publica Ediciones Freya suele tener muy buena calidad. Lo hice desde su web, sin fiarme mucho porque nunca había leído ninguna historia de piratas (solo había visto Piratas del Caribe y poco más). Reconozco que la primera persona me echó para atrás, pese a las deliciosas descripciones y el estilo de Andrea D. Morales, que me encantó desde primera hora.
Tardé dos páginas en quedar prendada con una única cuestión que Taryn deja clara en el capítulo 1: tuvo que hacer de prostituta durante dos años por X motivos, y no lo tachaba de humillante, asqueroso o de algo sucio en ningún momento. De hecho, ni siquiera le da más vueltas de las necesarias. Fue una forma de vivir que llevó a cabo en su momento y punto.
Supe que Taryn y su primera persona me caerían bien desde ese momento, y así ha sido desde el principio hasta el final, cosa muy difícil para mí. He leído cientos de libros con personajes femeninos describiendo la historia (viví el boom Crepúsculo en todo su esplendor) y, tras madurar y reflexionar, incluso con novelas más actuales, me di cuenta de que casi todas las autoras y autores que escribían en primera persona solían pecar de lo mismo: o los personajes se autocompadecían constantemente de sí mismos (normalmente, los femeninos) o juzgaban a otros personajes como si ellas fueran las reinas del mambo por su sexualidad o forma de vivir, o eran hipócritas que hacían las cosas mal pero, ¡eh, pobrecitas, que ellas no querían hacer daño, así que lo perdonamos todo! O son las mejores en X cosas (a veces, en todas), etc, etc.
Taryn no es así. Taryn puede ser egoísta, despiadada, pendenciera, puede tacharse de hipócrita a sí misma, traidora, rastrera, etc, cosa que puede decir en momentos determinados sobre sí misma y no sin razón. Nunca autocompadeciéndose, no. Solo como un apunte porque haya hecho algo mal, algo en lo que no se ahoga porque la vida tiene que seguir, sobre todo la vida del pirata. No la verás hundiéndose por su pasado, no. La verás actuando para arreglarlo, o para pegarle un tiro a quien se lo haya fastidiado para no tener que saldar cuentas (o para saldarlas). La verás sangrando porque ella tenía una opinión, ha peleado por ella y ha perdido, y ahora le toca fastidiarse. La verás chasqueando la lengua porque se ha equivocado, porque ha tomado una decisión imprudente y la ha cagado.
La verás haciendo mil cosas y es posible que no estés de acuerdo con todas ellas, pero es lo que tiene porque Taryn es un personaje imperfecto, y eso la hace tremendamente profunda, compleja y maravillosa.
Taryn es todo los adjetivos descritos arriba, pero también es cariñosa con Jim Clay, la mejor amiga de Xenia, una amante generosa con Tharses o con quien la acompañe en la cama esa noche, una teniente que se preocupa por sus subordinados y por la supervivencia de estos. Una mujer de armas tomar que puede actuar como una villana si la ocasión lo amerita, como una puta porque le apetezca o como una madre si uno de los suyos está en peligro. Taryn puede ser todo esto y, pese a ello, cometerá errores porque no es perfecta, y precisamente eso la hace maravillosa y, sin duda, el mejor personaje femenino sobre el que he leído.
Este es uno de los motivos por los que le doy 5 estrellas al libro, porque conseguir atraparme con un personaje femenino y una narración en primera persona ya es difícil, pero es que hay más.
Hablemos de los personajes secundarios, porque todos aportan su granito de arena en la historia sin resultar cansinos. Estamos hablando de una tripulación, al fin y al cabo, y hay muchos nombres que mencionar a los que les coges cariño por sus interacciones con Taryn, Tharses o entre ellos. Son secundarios, sí, pero tienen vida propia en ese mundo de piratas, y cumplen sus funciones como tales. Ninguno está ahí por casualidad, todos aportan algo a la vida del pirata, a la historia en sí o a la forma de ser de los protagonistas. Adoro a Xenia y a Jim, al señor Morheen y a Brais (incluso al apestoso Dasio), pero he de decir que Murrey se ha llevado la palma por todo lo que sucede a lo largo del libro.
Y, por supuesto, Tharses. Dio mío, Tharses. Lo considero coprotagonista más que secundario, porque su importancia es absoluta como capitán de El Terror Negro, para la vida del pirata retratada y por su relación con Taryn. Puedo decir, sin temor a equivocarme, que los dos tienen una de las mejores dinámicas de pareja de las que jamás he leído; estaba absorta contemplando sus interacciones que, para algunos, pueden parecer tóxicas, pero... ¡son piratas, recordadlo! Se juegan el pellejo todos los días y están curtidos en peleas, en rencores y odio. Estamos hablando de rufianes en el mejor de los casos. Que a veces quieran matarse (literalmente, y a punto lo están en varias ocasiones) porque tienen opiniones distintas es lo más normal del mundo en esa vida, una dinámica que en tierra no funcionaría, pero que en el despiadado océano es tan atrayente como el murmullo de la orilla del mar para los lectores.
Tharses también está muy bien construido. No encontraremos a un hombre enamorado y cariñoso con Taryn, si no a un tío curtido que tiene a muchas personas a su cargo, desconfiado y celoso con su oro, con un carácter igual o más fuerte que el de Taryn (lo que los lleva a peleas continúas). Podemos decir cosas similares en cuanto a lo que hemos dicho sobre Taryn; pendenciero, despiadado si se precisa, egoísta, autoritario, buen capitán, etc. No mataría a sus súbditos por gusto, pero si se lo merecieran no dudaría en presentarles el látigo de nueve colas. Otra maravilla de la historia.
Y, finalmente, el ambiente. Todos estos personajes y dinámicas no funcionarían si no estuvieran en el océano, en un ambiente agresivo donde los errores se pagan con sangre, y eso la autora nos lo deja muy claro. Sus descripciones sobre la vida en el barco, sobre la vida de los piratas, etc, te sumergen perfectamente en las situaciones tan extremas que viven los personajes. Entiendes por qué son como son, por qué tienen que ser crueles y despiadados, que es la piratería en sí y por qué aman el mar, el epítome de la libertad. Las referencias a monstruos mitológicos y sus encontronazos con ellos te recuerdan que el libro es una magnífica aventura pese a los constantes problemas a los que tienen que enfrentarse.
Me-ha-en-can-ta-do.
Solo pongo 5 estrellas a aquellos libros que me hacen recomendarlos, que me hacen desear más, que me enamoran con su ambientación y dinámica de personajes, aquellos que me hacen desear formar parte de la historia.
Y este es uno de ellos.