"De melodía más bien seca, Hay que llegar a las casas despliega su lirismo en imágenes inspiradísimas y austeras. Es una novela hecha de detalles: los silencios largos y las conversaciones cortas de cuatro varones –tres viejos que no se fueron nunca y un joven que acaba de volver al pueblo después de años. Sus mates, sus borracheras y, otra vez, sus silencios. Y los ruidos: los de la charla amenazante del comisario, los del río a la noche, los del hermano muerto en la casa de al lado, los de los tiros que anuncian nuevas muertes, los de la memoria que recuerda otras. El ruido del misterio en un pueblo en el que nadie habla de lo que hay que hablar, o dicen poco, y eso cuando los personajes vienen y van al almacén a rellenar la damajuana. En esta hermosa novela de Ezequiel Pérez, el terror y el suspenso crecen a la vera del río y de los silencios, como si una trama de Saer hubiera sido intervenida por Stephen King."
Un terror rural que me dejó un poco triste por todo lo que representa. Va muy en la vibra de "Cementerio de animales" de Stephen King, y nos habla sobre un pueblo en el que los jóvenes empiezan a quitarse la vida sin una explicación concreta. Y el tema no va a quedar ahí, porque esa gente va a hacer una aparición que resultará bastante espeluznante, pero también muy deprimente.
Un miedo incesante recorre la novela pero no por los hechos sobrenaturales que suceden en este pueblo a orillas del Río, sino por la desidia, el paso del tiempo, la cotidianidad, el acostumbrarse, que son tan reales y tan fáciles de toparnos con ellos y que nos mastiquen, nos escupan y nos vuelvan a masticar para recién tragarnos.
📙 Hay que llegas a las casas: El protagonista regresa a su casa familiar, en el interior de Buenos Aires, a la vera del Río Paraná, cuando le llega la noticia de la muerte de su hermano Andrés. Su padre, Abel, junto con un grupo de amigos (el Tordo y Barrientos), intentan pasar el mal momento. Entonces, entre recuerdos de su pasado, llegan ruidos de la casa vecina de su hermano y lo encuentran colgado, muriendo nuevamente.
🗣Opinión Personal: Qué libro lleno de sorpresas y magia el que nos ha llegado este mes con el Club de la Delicia de @holadelibooks. Al comenzar a leerlo se me hacía una historia costumbrista, pero a medida que avanzaba las páginas, lo fantástico se apoderó del relato y me atrapó en la relación entre los dos hermanos y los habitantes de este pueblo sin niños. Hay que llegar a las casas es una historia con mucha dinámica entre los eventos presentes y el pasado. Los recuerdos reconstruyen la personalidad de Andrés y de su madre, quienes ya no están presentes, al menos de la misma forma en el momento actual. En esa recuperación del pasado nostálgico y la mirada actual de la decadencia solo hacía falta tomar distancia y al volver a la casa, la realidad duele. Lo único criticable es que se me mezclaban los nombres, a veces parecía referirse al padre como el Rosado, pero era otro personaje, o cuando lo mencionaba no lo caracterizaba. El resto de la historia impecable.
🔊Recomendado para quienes gusten relatos fantásticos en locaciones familiares, hay algunas similitudes con las historias de Selva Almada, por esta familiaridad, y a la Tejonera de Cynan Jones por el tema de la naturaleza y la caza.
Me ocurrió algo muy extraño con esta lectura. Me costó avanzar, no sólo porque no me terminara de convencer, sino porque la naturaleza de esta novela es pausada y lenta. Cada capítulo fué lento y silencioso. También se lo atribuyo al logro de un movimiento lento propio de la caracterización de un pequeño pueblo envejecido impregnado de campo. A la mitad aceleró un tanto más, y en el último capítulo fué como una bofetada apresurada, un sacudón repentino. Me gustaron los toques de terror pero al mismo tiempo los sentí, en un principio, insulsos o muy a cuenta gotas, quizás porque me imaginaba un terror más impactante, chocante o turbador. Fueron muy buenos los recursos para describir y encontrarle la escencia a lo pueblerino y lo campero: las infancias un tanto adultas y medio libradas al azar, los personajes pueblerinos, las damajuanas, los almacenes de pueblo, etc. Juega mucho con lo no dicho y lo contemplativo que lo hace casi místico. Es al final, cuando se comenzó a ver algo más desgarrador y encarnizado, sacando su lado más lúgubre. En fin, me gustó, pero no como esperaba. Me dejó una sensación singular. Lo recomiendo en el caso de que el lector cuente con la paciencia para seguir su ritmo pausado.
Le tenía mucha expectativa porque la contraportada cruzaba un drama autóctono con los rasgos de Stephen King. Mi mente inmediatamente dijo ¡Vendido! y me aboqué a ello.
La prosa de Ezequiel Perez es seca y austera, tanto como los protagonistas, hombres de pocas palabras frente a una situación que los supera. Y vaya situación les espera. El protagonista es un joven que vuelve a su pueblo litoralense por una tragedia familiar y descubre poco a poco, y con bastante parsimonia, que lo que está viviendo el pueblo es mas macabro que una seguidilla de suicidios.
De ahí en mas se suceden una serie de confusos episodios con un toque bastante especial para narrar, pero no le sentí ahínco narrativo. Todo lo que sucede se desliza en la vida de los personajes como agua entre las manos, con una tranquilidad frente a lo que están viviendo que enfurece por momentos.
El final es estremecedor, pero siento que la novela al completo no le hizo justicia. Igualmente, Ezequiel es una voz que me gustaría seguir de cerca para ver su evolución.
Una novela que, mediante una prosa seca y con descripciones detalladas, de a poco nos va adentrando hacia lo tenebroso, una especie de costumbrismo gótico o gótico sureño. Pero que en su esencia nos habla del abandono y desaparición de los pueblos, en este caso una isla del Paraná, que quedan vacíos o solo con gente mayor, que quiere retener a sus jóvenes a toda costa, aunque muchos se van en busca de mejores oportunidades y aquellos que se quedan no tienen chance alguna. En este libro los silencios y la falta de comunicación tienen un gran protagonismo. La historia comienza con una normalidad y tranquilidad rara, que se va perdiendo, para ponerse cada vez más extraña y amenazante, hasta un final (algo polémico) donde todo estalla.
Difícil encontrar mejores palabras que la presentación de Gabriela Cabezón Cámara que está en la contratapa. El mío es sólo un intento.
Una excelente novela que mezcla fantasía y realidad. Inicia con un trágico suceso, un llamado del padre al protagonista dándole la peor de las noticias, lo que provoca el viaje de éste de regreso a su pueblo. Allí, comenzarán a suceder extraños acontecimientos que vinculará a nuestro joven protagonista y tres hombres mayores, uno de ellos su padre, en extensas y complicadas jornadas. Con un final altamente impactante!!
Una novela que, como reza su contraportada, está hecha en detalles como sus silencios largos y conversaciones cortas. El mayor problema es que los silencios son demasiado largos, el narrador es poco confiable y sentís que nunca sos del todo partícipe de lo que está pasando. Salí un poco decepcionada, porque había sido recomendada por Agustina Bazterrica, y si bien la prosa es muy buena, me dejó esperando más.
"De pronto sentí el río en mí, corría en mí con sus orillas trémulas de señas, con sus hondos reflejos apenas estrellados. Corría el río en mí con sus ramajes. Era yo un río en el anochecer, y suspiraban en mí los árboles, y el sendero y las hierbas se apagaban en mí. Me atravesaba un río, me atravesaba un río!" Juan. L. Ortiz
Mezcla de Juan José Saer, Selva Almada y Stephen King. Raro. Me gustaron partes. Por momentos sentí que no lo estaba entendiendo. Me decepcionó porque lo había recomendado mucho Flavia Pittella y para mí fue insulso.
Como la cotidianidad recorre todas las páginas haciéndote sentir parte del pueblo en el que transcurre y te atrapa completamente con la evolución de los personajes. Me pareció muy bueno como se fue desarrollando la historia hasta el final.
Narrada en primera persona por el protagonista, Ezequiel Pérez nos presenta a un joven que después de muchos años debe retornar al pueblo que lo vió crecer, a razón de una tragedia familiar: el suicidio de su hermano. Sin embargo, lo que él no sabía, es que en el pueblo, no sólo Andrés se había quitado la vida, sino que estaban ocurriendo una seguidilla de suicidios, tornando el ambiente cada vez más macabro. Nadie entiende, nadie habla, todos cierran las cortinas. Todos ocultan algo. La historia se va sucediendo en compañía de su padre, un hombre de pocas palabras y gestos ásperos, y dos viejos amigos de la familia. Entre damajuanas de vino, silencios, preguntas sin respuestas y hechos que erizan la piel, todo finaliza estremecedoramente.
Opinión: Toda la novela se encuentra envuelta en un aura de misterio que baila por todo el texto a distintos compases. Debo decir que, en pocas palabras, el autor supo deslumbrar con sentimientos, todos los recovecos de la lectura. Es una novela adornada con toques de realismo mágico pero rodeada por un horror característico que sólo el autor podría recrear. Con una narrativa pausada, algunas frases escuetas pero rebosantes de emociones, Ezequiel Pérez es un escritor para seguir leyendo.
Me sorprende el rating bajo que tiene esta novela. Cuando comencé a utilizar Goodreads, me parecía raro que los libros tuvieran nota pero reconozco que lo utilizaba para guiarme, hacerme una idea de cuan bueno era el libro. Ahora empiezo a desconfiar totalmente de este dato.
Hay que volver a las casas es un libro dificil de encasillar. Es una novela de terror pero a la vez no lo es en la manera típica. La historia sucede en un pueblo atrapado en el tiempo, donde cuatro hombres van desenredando su pasado a la sombra de lo no dicho. La prosa de Pérez es a la vez poética y cruda, está llena de silencios pero también de sonidos que perturban ese silencio. Captura la complejidad de las relaciones entre varones a través de pequeños detalles y tiene la habilidad para crear tensión sin necesidad de recurrir a lo obvio.
La comparación con Stephen King entiendo que ayuda comercialmente pero resta si los lectores buscan lo que ofrece King. Ezequiel Pérez no tiene ese efecto, no intenta entretener y a mi parecer tiene más profundidad.
Hay que llegar a las casas es el primer libro de Ezequiel Pérez, aunque es el segundo que yo leo.
Apunto algo (ideas sueltas) Es de las lecturas que dejan rumiando al cerrar el libro. Estoy sorprendida por una escritura tan minuciosa. Si han estado en pueblos, esta es una historia de uno; tan bien logrado lo de pueblo chico, infierno grande... Asfixia. Pero lo más atrapante es lo que nunca se dice. Lo que está latente. Los ojos detrás de las persianas. Las decisiones que no se sabe quién tomó. El "monstruo" que ronda la orilla. Lo desconocido. La contratapa promete algo saeriano, y diría que sí, mil veces sí, en ese afán que tenemos de justificar con una genealogía de lo genial aquellas lecturas que nos gustan. Una sola cosa: no lo lean en días de congoja.