Lo que hace Roxana Miranda con sus textos, además de dotar de nuevos significados al mito cristiano de "paraíso terrenal¨ y su funesto episodio de la ingesta de la manzana es, sirviéndose del espacio occidental, construir una utopía que valida su escritura como constructora de un espacio literario afín a sus creencias mestizas. Desde ese espacio, Eva, Dalila o cualquiera de sus sujetos poéticos, establecen un diálogo inter -y trans- cultural con otros espacios similares donde la mujer ha quedado relegada, por los siglos de los siglos, a una marginalidad incuestionable,
Roxana Miranda Rupailaf debe ser de las mejores poetas de Chile y Wallmapu. Este libro es antológico y su última parte es inédita. Lo recomiendo mucho.
Increíble viaje por paisajes conocidos dotados de símbolos religiosos y saldados, y de reinventar lo que se impuso. Me costó un poco la lectura por no estar acostumbrado a leer poesía, pero me gustó el viaje por paisajes salados y acuosos.
"porque esta ciudad desierta hay que llorarla esta ciudad sin niños esta ciudad sin flores este callejón oscuro donde -nos han dicho- sólo encontraremos enemigos"