No es un buen momento para el protagonista de esta novela. Hace un buen tiempo que no lo llaman para que actúe en alguna obra de teatro, por lo que ha debido conformarse con los esporádicos guiones que debe leer para la radio. Con Carola, su pareja, las cosas no van mucho mejor. Y no es que ella espere tener a su lado a un actor de éxito, simplemente le gustaría alguien menos indiferente, más curioso y vital, alguien cuya ropa interior no le estuviera diciendo, tácitamente, cada noche, que se acuesta con un hombre desastrado. El conflicto entre ambos no demora en desencadenarse, si bien el narrador se toma las cosas con impávida serenidad. “La corriente de lo real -dice- me pasaba cada vez más por al lado, como aire viejo”. Por eso recorre su barrio, compra un poco de fruta, toma un café, conversa con algún conocido, escucha música, contempla a la gente pasar y, en esas vueltas, empieza a aflorar esa ironía suave que atempera los dramas cotidianos y que ya es un sello de los personajes de Genazino. En Salvo nosotros, nadie habla de nosotros, la atención a los detalles más banales genera reflexiones asombrosas sobre la sexualidad, el acostumbramiento, las vacilaciones, el amor, los recuerdos, la dispersión... y todo aquello que constituye la vida.
El comienzo es lento y tedioso, pero sin darte cuenta entras en una realidad que necesita reflexión. El nombre del libro tiene un sentido que embellece la obra.
El hastío y el fracaso son tópicos muy comunes en la literatura moderna, y eso encontramos a montones en esta novela, por lo que quizá no es buena opción leerlo mientras la pandemia aun merma más mis ingresos como trabajador de Artes y Cultura
No podría decir que el libro destaca, pero si atrapa, por lo que leerlo no es pesado, incluso, es divertido
Ese divagar constante -hasta excesivo - a veces te sube al carro y otras te baja, te da rabia y otras dices bueno por qué no, si al final es un escape de la vida y de esa "vida trascendente" que cree buscar.