La batalla por Tenochtitlan es un libro inteligente y discutidor, siendo escrito por Pedro Salmerón no podía ser de otro modo.
A lo largo de sus páginas Pedro -y nosotros con él- duda, cuestiona, relee, provoca, contrasta, duda nuevamente y sienta a la mesa a discutir a Hernán Cortés, Bernal Díaz del Castillo, Miguel León Portilla, Fernando Alva Ixtlilxochitl, Octavio Paz y hasta Karl Mar.
El tema sobre la mesa puede ser la más asombrosa de las historias. Incluye templos que se incendian por si solos, derrotas disfrazadas de triunfos, una ciudad mítica construida sobre las aguas, alianzas, traiciones, magnicidios, ejércitos de cientos de miles, guerreros cantando llenos de furia, al apóstol Santiago peleando físicamente, a la viruela sembrando muertes, también batallas imposibles de entender, tamales para fortalecer al enemigo vencido, canibalismos imaginarios, esclavitudes reales, un sitio de 70 días, mujeres y niños que resisten hasta la última piedra entre muertos y ruinas, un simbólico martes 13… y el acomodo de nobles y la resistencia de pueblos durante 500 años.
Mientras las distintas voces nos relatan los ENCUENTROS, desde Champotón hasta Tenochtitlan, pasando por Cempoala, Tlaxcala y Cholula, Pedro -y nosotros con él- se pregunta ¿en serio? ¿de verdad ocurrió así?
Las voces siguen narrando la GUERRA, la muerte de Moctezuma, la noche de la huida, el misterio de Otumba y Pedro -junto con nosotros- cuestionando, dudando, ejerciendo la pregunta luminosa.
Las voces nos llevan al SITIO, a la ciudad estrangulada, Texcoco, Xochimilco, Tlatelolco, Cuauhtémoc preso, mientras Pedro y sus preguntas siguen.
Regresando al hoy; después de escuchar las voces, preguntarnos por sus intenciones y su modo de pensar, luego de hacer muy consciente el profundo silencio de los vencidos, La batalla por Tenochtitlan nos lleva a concluir que nos contaron mal, que nos contamos mal, el más asombroso de los cuentos.
No le quita un ápice de asombro, la historia es enorme, pero si nos ayuda a descubrir que las explicaciones que nos damos son insuficientes y a partir de ahí también nos abre puertas, nos deja margen, espacio libre, nos invita a imaginar, repensar y resignificar los eventos ocurridos entre 1519 y 1521.
Espero que esta invitación sea aceptada por muchos, que el libro se agote varias veces, que lo leamos, disfrutemos, nos asombremos nuevamente y siguiendo su espíritu inteligente y discutidor nos lleve a reflexionar, nos genere muchas preguntas, nos brinde algunas respuestas, pero sobre todo que nos hagamos partícipes de un muy sabroso diálogo.