19 de septiembre en Ciudad de México. Tiembla la tierra, los edificios caen y la gente inunda las calles.
En la colonia Obrera se derrumba una fábrica, y el polvo que levanta atraviesa décadas, irrita la memoria, aflora historias enterradas que habían quedado sin resolver.
Yo sabía que a este lugar le dicen Ciudad Monstruo, y siempre me había parecido un nombre muy adecuado.
En 2017, yo vivía en la Obrera, en una de las cerradas de Chimalpopoca. Desde la ventana de mi habitación se veía el edificio que se derrumbó. Tengo fotos incidentales de la época previa, porque detrás de él, casi en línea recta, está el Zócalo, así que quedó registrado muchas veces en que traté de fotografiar la pirotecnia del 15 de septiembre (tengo, de hecho, fotos del edificio de cuatro días previos al derrumbre). Para mí, el sismo de 2017 tiene todo que ver con esa zona, ese rescate, esos conflictos, todo aquello que vimos y vivimos durante esos días, tan de cerca (y, de muchas formas, tan de lejos). El otro día me encontré esta novela en una librería que se llama Volcana, en la Santa María, y tuve la urgencia de leerlo, pues coincide justamente con mi versión más cercana de los días más raros que me ha tocado atestiguar en mis dos décadas en la Ciudad de México, y me pareció una recuperación valiosa de las voces en torno al derrumbe más ignorado y más emblemático, de alguna forma, de aquel septiembre inolvidable. La narrativa es un poco caótica, de pronto siento que falta claridad, pero eso conjuga bien con la mezcla de testimonios que se van presentando, así que creo que es cosa de agarrarle el ritmo y conceder un poco.
Tremenda la mirada de Shu Otero: el sismo de 2017 en Cdmx reabrió una profunda herida en los habitantes de la ciudad, una herida de 32 años que no ha podido cerrarse. Chimalpopoca es un referente de tragedia e indignación. Un testimonio gráfico y muy humano. Una sentida crónica a través de muchas miradas,