Una ruptura en el espacio-tiempo corta en pedazos el territorio por el que transitan los personajes de estas historias. La realidad nunca ha sido más esquiva y engañosa. Y tras el derrumbe de los muros de la vigilia, sobreviene el despertar de los monstruos, una pesadilla un escritor que teclea frenéticamente una novela para conjurar el caos, un hombre que asiste a su propia muerte, cautivo de una espeluznante paradoja temporal; personas que desaparecen sin dejar rastro, abducidas por un ente intangible, aunque demasiado plagado de referencias locales como para no resultar terrorífico. Con una prosa intensa, veloz, por momentos cercana a la dureza del policial, otros a la poesía del subsuelo, Kike Ferrari logra cartografiar un mundo aparentemente sin puntos cardinales, sin mapas, un mundo incomprensible y hostil, tal vez fantástico, pero cuyo enorme potencial metafórico explora e ilumina la realidad social y política. Las historias de Territorios sin cartografiar son espejos distorsionadores en los que se reflejan con dolor y lucidez la alienación urbana, las estructuras de poder y dominación, el miedo y las fobias contemporáneas, Ferrari, sin duda, sabe cómo poner a volar la imaginación, pero con los pies bien firmes en el suelo.
Territorios sin cartografiar es mi primer encuentro con la literatura de Kike Ferrari (y, ciertamente, no será el último). Los ¿cuentos? contenidos en este volumen están en movimiento, escapándose, fugándose, negándose a adoptar una forma. Es un libro ecléctico, inquieto. Una ruptura en el espacio-tiempo, el crackle, une, divide y multiplica los sentidos: de un lado (¿Buenos Aires?), Kike se comunica con Angélica (¿Shörshstad?) e intercambian información sobre este suceso, sobre sus realidades, sobre sus mundos y sus tiempos. Intercalados, una serie de relatos, expanden y tuercen todavía más la cartografía literaria de la ¿novela?: gente que desaparece absorbida por un ente inteligible; una reimaginación del mito del detective encapotado pasada por el tamiz de la lucha de clases; un hombre que se enfrenta a su propio cadáver en la morgue de la policía; un viaje en el tiempo para impedir que el cantante de una banda de metal arruine su legado. Además, Kike produce una cartografía de escritores: Rodolfo Walsh, Ricardo Piglia, China Miéville, Alan Moore, Philip K. Dick, Andrés Rivera, Paco Taibo II, Jorge Luis Borges, William Gibson, Stephen King, Rafael Pinedo, Mark Fisher, Roberto Bolaño, los hermanos Strugatski, Che Guevara, e incluso los músicos Paul McCartney, Ronnie James Dio y Ricardo Iorio. Estos funcionan como una guía de sentido en territorios y temporalidades desbocadas.