El lector que se disponga a leer este libro de María Antonieta Flores se sorprenderá primero por la perfección del verso, por su fuerza evocativa que permite entrar en un universo personal decantado y hondo, y por el depurado trabajo con el lenguaje que obliga a las palabras a brillar, y descubrir así múltiples sentidos en su delgadez. Siendo reconocible su estilo dentro de una ya dilatada obra, en esta ocasión la poeta insiste en el despojamiento y en un sutil humor donde todo se el misterio de coser, dar puntadas para a modo de una cata ir conociendo, ir profundizando y así en los hilvanes van quedando mariposas. La belleza, a menudo tan denostada, es en este libro categoría fundacional, su limpio discurrir nos limpia como partícipes, pues se trata de una belleza imposible de poseer, pero sí para vivir en ella, el refugio. Hay tres varas de sándalo, una amenaza cruza las horas, para al leer salvarnos.Rodolfo Häsler
El poemario de Maria Antonieta me embrujó con sus palabras. Me transportó a través de muchas y potentes emociones una mañana, sentado al frente de mi casa.
Primero, la muerte. La muerte del padre (“no sabía que en una despedida / había tantas pérdidas”), de otros a quienes admiramos (“el incendio es reposo en tu mirada / una mariposa alza el vuelo”), de pueblos (“un pueblo bajo las aguas / los diques son cementerios”); muertes cuando éramos jóvenes (“a los siete años me nacía el asombro / cuando el faro del carro iluminaba esa curva / con una cruz blanca en el borde”), cuando amamos (“caminamos / descalzos en el barro / después de la tormenta”).
Luego, el sueño como puente, como camino entre el mundo de la muerte y de la vida…
“así nacen los sueños
como las llamaradas
y sus brazas caen sobre mi cabeza
una y otra vez cada día
a veces cenizas otras veces candelas
con una palabra”
Al final, las candelas… las brasas que incendian. El fuego del deseo (“una niña desea el azul / el azul del deseo / el tiempo azul del cuerpo de un hombre”), del amor (“siempre se quiere más tiempo / abundan los pretextos para permanecer / para querer un día más”), del sexo (“la repetición es un acto poético no lo olvides / y pélvico”), y ese tiempo de los amantes que captura impecablemente en ejercicio asignado a otro, mojada y desnuda, días largos empozados, y valen los besos.
Coronando el libro, gallarda, mi poema favorito.
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Luego de "Las conductas discretas", María Antonieta Flores nos trae "los gozos del sueño" un libro maravilloso, lo he disfrutado mucho, casi antología de los mejores registros poéticos de María Antonieta Flores.