Por fin la historia jamás contada de uno de los grupos más míticos del pop-rock español.
Avalada por los músicos y contada desde dentro por el hermano del bajista, HÉROES DE LEYENDA es la biografía más personal y completa de la mítica banda.
Héroes del silencio, una de las bandas de rock más famosas e internacionales de nuestro país, que incluso tras su disolución todavía cuenta con miles y miles de fans acérrimos, tiene por fin el libro que merece. Un grupo obsesionado por la excelencia y quizás esto fue lo que les llevó a ser pioneros en terrenos intransitados entonces en España: 700 conciertos ofrecidos en 30 países entre Europa y América; compañeros de cartel de bandas como Texas, Aerosmith o Iron Maiden, y solistas como Leonard Cohen, Robert Plant o Bryan Adams; asistencia a los festivales de verano más importantes de Europa, como el Rock am Ring y el Rock Insel; decenas de discos piratas que todavía se siguen editando; grabaciones de unplugged para la MTV...
Antonio Cardiel ha tenido la oportunidad de entrevistar en exclusiva y detenidamente a sus componentes, relata de forma amena y rigurosa la historia del grupo: su formación, sus comienzos musicales, su escalada hacia el éxito, su época en la cima y su posterior disolución.
Además, abunda en revelaciones sobre el proceso creativo de Héroes y la génesis de sus temas más importantes, sobre las giras que hicieron por Europa y América, e incluye fotografías que nunca antes habían visto la luz y muchas anécdotas desconocidas.
Una vida al más puro estilo del rock and roll, en cuyo nombre libraron muchas batallas, dentro y fuera de los escenarios.
Excelente trabajo de Antonio Cardiel. Máxima nota. Tras una lectura atenta y sosegada, me ha quedado claro que el verdadero personaje dostoievskiano de la narración es Juan Valdivia. A mi juicio, no hay en la historia de la música rock en español otro guitarrista que haya compuesto arpegios, rasgueos y hasta punteados (siempre he dicho punteado aunque el autor diga punteo) con tal grado de excelencia. Su genio creativo llevó a la banda a otra dimensión. Para mí, con toda humildad (es solo una valoración personal), la música en solitario de Bunbury sin la guitarra de Valdivia pierde más del 70% de calidad. Repito: es personal, pero la extraordinaria voz de Enrique sin los arpegios de Juan, a mí no me conmueve nada. Era la unión de ambas texturas, de ambos timbres, de ambas armonías, bien apoyadas por la línea rítmica de Pedro y Joaquín, lo que dio ese toque único a la banda. El uno sin el otro y el otro sin el uno me parecen irrelevantes. Y Antonio Cardiel se encarga de arrojar una luz nueva sobre la personalidad de Enrique, su método extraño de escribir (más al final que al principio), sus cambios de humor, su afán de protagonismo (explicable y hasta legítimo siendo el líder), sus decisiones a veces autoritarias (la carta que lee en febrero de 1996 al grupo con sus exigencias)... Yo no conocía la versión del grupo, o la versión de Juan, y agradezco al autor esta visión, nueva para mí.
Dicho esto, y fuera de Héroes del Silencio, o incluyendo a HDS, se produjo ahí uno de los fenómenos más recurrentes de la Historia del Rock, con mayúsculas. Y creo que Pedro, Joaquín y Juan (aunque ahora es muy autocrítico y eso dice muchísimo en su favor) no tuvieron la suficiente inteligencia para salvar al grupo, o puede que no hubiera un líder o responsable exterior que lo salvara de la ruina.
Me refiero al fenómeno típico del Pop Rock. John Lennon, Paul McCartney, Morrissey, Ian McCulloch, Nick Cave, Sting, Juan Perro, Robert Plant, Björk, Iggy Pop, Chris Cornell, Andrés Calamaro, Juanes, Gustavo Cerati, Ana Torroja... y Bunbury, claro.
La voz es un instrumento aparte. Lo que más disfruta el cantante es poder modular melodías cada vez más hermosas, sean del estilo que sean, no importa si son suaves o duras, rápidas o lentas, agudas o graves, susurradas o gritadas, al final de la canción, o del concierto, el vocalista ha sentido la mayor de las felicidades cuando ha podido conmover a su público con sus interpretaciones vocales, sus letras, el timbre de su voz llevado al extremo de la belleza en estado puro. La voz es la que arrasa el corazón del oyente, la que lo lleva a sentir emociones que jamás sintió.
Los músicos, en cambio, y sobre todo si empiezan a perfeccionarse de verdad, si a base de tenacidad y trabajo llegan a dominar sus instrumentos hasta límites de ensueño, lo que realmente disfrutan es "jugar con sus juguetes": aumentar el volumen lo máximo posible, subir los amplificadores, acelerar hasta el vértigo, añadir efectos, pedales, distorsiones, lanzar secuencias si son teclistas para dar más cuerpo a su instrumento, alargar punteados si son guitarristas, ofrecerse otro guitarrista rítmico, grabar cinco guitarras por tema, comprar timbales, platos, cortinas, goliats o percusiones varias si son baterías, darle al bajo una potencia tipo discoteca surround... es decir: "jugar con sus juguetes", doy fe de ello, así se sienten felices, y en la historia de HDS hay un momento en que empiezan a hacer un ruido del carajo, y cada vez más, y cada vez más y más, y distorsiones y efectos y punteados y ritmos cargantes y pesados, bajos machacones y pedales infernales y canciones más rápidas que la música misma, si esto fuera posible...
Al final, el cantante se va. No falla. Es una ley. Y se arguye que tiene un temperamento egocéntrico, que es histriónico, que no piensa más que en él, que decide por todos... y mil argumentos más... Pero lo que sucede a menudo es muchísimo más simple: AL CANTANTE YA NO LE GUSTA LA MÚSICA SOBRE LA QUE DEBE CANTAR. Ya no le gusta. Porque si le encantara, si le volviera loco de felicidad y emoción como cuando cantaba Maldito Duende, Agosto o No Más Lágrimas, se queda. Invariablemente se queda. No se va.
La banda no fue inteligente, como sí lo han sido U2, The Cure, Queen, The Rolling Stones y tantos otros grupos. Al cantante, en un momento dado, hay que decirle: OK, ¿quieres disfrutar? Vamos a quitar ruido, vas a cantar como un ángel, un disco rollo mucho más tranquilo, no te preocupes, nos hacemos cargo, y vuelves a encandilar a los oyentes con tu voz sublime. Estamos contigo.
Digo esto, y repito que a mi juicio, musicalmente, el gran genio fue Juan Valdivia, y no me cabe la menor duda. Fue un compositor extraordinario. Pero HDS no supo guardar a su cantante. Se comentan mil defectos de Enrique. OK. Obvio. Como todo el mundo.
Pero hacía doce años que lo conocían. Ya sabían cómo era. Había que cuidarlo. Se hubiera quedado.
No se puede cantar con los instrumentos tan descontrolados. Es un infierno.
NOTA BENE: El autor, hermano del bajista, aporta datos de composición, creación, grabación, sesiones de estudio, instrumentos utilizados, amplificadores, mesas de mezclas y un largo etcétera que son un regalo extraordinario para el amante de la buena música. Mil gracias. Es una gozada cuando entra en el nervio de la música de HDS. Magistral.
En cuanto a lo que he mencionado del cantante, el autor recuerda que ¡¡ni siquiera Entre Dos Tierras le gustaba al principio a Enrique!! Qué fuerte, eso no lo sabía... ¿Pero no se dieron cuenta sus tres compañeros de que no le gustaba esa música? No lo puedo comprender... Hay un criterio bastante objetivo de este desfase musical entre el cantante y la banda... ¿Cuántas canciones de las llamadas "cañeras o duras o metaleras o rockeras" de los dos últimos álbumes ha recuperado Enrique Bunbury en solitario? Ninguna. Y hay bastantes canciones de HDS que Bunbury ha vuelto a cantar, tiene los derechos de autor igual que los otros tres miembros... Solo canta ahora (y desde 1997) las que le gustaban de verdad, en su corazón... Es cierto que el libro es excelente, pero obviamente Enrique se negó a participar, y falta su punto de vista... ¿Cómo debe ser girar por el mundo al frente de una música con la que te identificas cada día menos? No debe resultar nada nada nada sencillo, siendo el líder... ¿Cómo debe sentirse interiormente ese cantante? ¿No tiene cada día más ganas de componer la música que de verdad le gustaría cantar?... ¿Pero no se dieron cuenta ni Juan, ni Pedro, ni Joaquín que Enrique no se sentía a gusto con esa música? No acabo de comprenderlo muy bien...
Lo que más me gustó es que es un testimonio honesto. Sin guardarse elogios pero tampoco dejando de señalar errores graves. Y por supuesto que es bienvenida la opinión personal del autor sobre la música, las personalidades y los entresijos del grupo, para nada quería leer un artículo de enciclopedia. Es entonces este documento un retrato fiel de la época de ésta, la banda más grande de rock.
Iba a escribir una opinión extensa dado al cabreo que me ha provocado esta lectura, pero no vale la pena. Ha sido un libro tedioso, lleno de favoritismo y con poco aporte. Básicamente con ser un fan medio y haber visto el documental de Netflix tienes el 90% de lo escrito. En resumidas cuentas y dicho lo más educadamente posible: Un libro para darle a Juan la atención que siempre ha pedido a gritos.
Con una buena edición tendría 250 páginas menos y sería mucho mejor libro. Repetitivo, algo desorganizado y con prosa pretenciosa, pero interesante si te gusta el grupo.
Una buena biografía de uno de mis grupos favoritos (aunque los conociera después de su disolución por ser demasiado joven a primeros de los 90). Me ha gustado la autocritica de todos los componentes y lo que se cuenta más allá de los cotilleos. En especial destaco los puntos dedicados a la composición de los temas y al análisis musical de la trayectoria. Muy recomendable si eras seguidor de la banda o de la música en general. Hubiera sido mucho mejor si hubieran participado todos los miembros, pero aún así, un buen libro.
Muy buen libro, entretenido y para nada aburrido, lo único malo que le veo, es que si viste el documental de Netflix, los temas importantes del libro, ya figuran en el.
Buena lectura para los seguidores de Héroes del Silencio. Me ha gustado especialmente como se profundiza en la creación de las canciones. También, lógicamente, se cuentan las interioridades de la banda que llevaron a su disolución.
Buena historia del grupo con énfasis en los aspectos técnicos y musicales de producción y grabación de los discos que no hurga excesivamente en los trapos sucios de la banda. Recomendable.
Muy exhaustivo pero da la sensación de que se quedaron muchas cosas en el tintero. Como por ejemplo lo que llevó al acercamiento para la gira de reunión
La historia de un grupo que fue enorme y que hubiera podido hacer más su hubieran sabido parar a tiempo. Imprescindible si eres fan, curioso si no lo has sido.
La fascinación por los datos minuciosos de aquellos a quienes admiramos ha hecho que el género de las biografías se vaya reciclando constantemente. Nos gusta conocer la interna, aquellas cosas personales que muchas veces sólo sabemos por titulares, rumores, o indiscreciones de los círculos más internos. Las bandas musicales y sus biografías tienen esa urgencia, esa magia, esa promesa de poder llevarnos directamente al escenario, a la sala de ensayo, el camarín, esos lugares que tantas veces soñamos conocer de nuestras bandas y que la distancia muchas veces nos hace imposible lograr.
“Héroes de leyenda” es la disección de cada una de esas instancias de la interna de Héroes del Silencio, desde sus primeros ensayos ―de cada miembro por separado, allá por 1984― hasta el concierto que cerró su historia oficial, en 1996. Este es un libro para fans, repleto de todos aquellos datos y anécdotas que quienes seguimos a la banda siempre quisimos conocer ―destaca el lenguaje técnico de las características de las grabaciones, instrumentos, mesas de sonido, etc., una enciclopedia para músicos y asiduos a la ingeniería del sonido―. Un retrato muy íntimo, contado por el hermano del bajista de la banda, que hace uso de cierta novelización y una prosa de muy buena factura para mostrarnos las diferentes miradas de cada miembro, sin perder de vista la perspectiva histórica de la banda y sus diferentes etapas musicales y personales.
Como una autopsia, vamos asistiendo a un estudio necrótico de la historia no contada, de aquello que se fue diseminando dentro de la banda ―y que no es ajeno a otras bandas: el cuestionamiento a la industria que explota a las bandas hasta la extenuación, los contratos abusivos, la cesión de derechos de autoría con los grandes sellos, etc.― y que culminó con su disolución: el buque sin timón incapaz de frenar. Un libro doloroso de leer para los fans, quienes hoy comprendemos la historia, vemos la caída de las máscaras, y nos situamos cuando disfrutábamos a una banda que, frente a nuestras narices, estaba ya destruida. Un trago amargo pero necesario para recordar, sin filtros, a la mejor banda española de rock.