La isla de la rebelión cierra una bilogía de suspense e intrigas, con toques de fantasía, maravillosa.
Ahora los padres toman el mando, volvemos al pasado. Teníamos algunos datos, algunos acontecimientos (distorsionados por los filtros que atravesaban antes de llegar a los hijos), y ahora vamos a vivir también el contexto. La ambientación, el worldbuilding, la estructura, son partes esenciales de la historia para crear un armazón contundente y coherente, pero Arantxa también es una artista del contexto en la ficción, ambas generaciones se comportan de forma diferente aun estando en líneas ideológicas similares (aunque cada personaje con infinidad de matices diferentes) porque atienden a su momento histórico. Y es lo que da el plus de verosimilitud.
Que para obtener el desenlace de la historia tengamos que retroceder en el tiempo es toda una declaración de intenciones de la autora. Un mensaje potente que lanza Arantxa Comes no solo con una ficción envolvente y adictiva si no también con cada uno de sus inolvidables personajes y con su propia cronología.
Las luchas no solo están en las calles, debajo de las banderas y de las pancartas, también se esconden en los libros. Por eso la bilogía de Brisea también habla de la manipulación de la historia y de la educación, de la corrupción mediática, de la lucha dentro del propio sistema político, de la necesidad de la transversalidad, de la obligación de la representación de todos los colectivos de la sociedad. De lo contrario el “bien mayor” son palabras vacías.
Las batallas personales y familiares, las creencias individuales, todos aquellos motivos accionados por pensamientos intrusivos, todo tiene cabida en una novela que apela al entendimiento, al diálogo, a la evolución de nuestras ideas y sentimientos.
Hay que entender el pasado y el presente primero, si no los gritos son fútiles y seremos pasto de los intereses de otros. Detrás de todas las intrigas y de toda la acción que nos trae Munyx Editorial con el cierre de la bilogía, volvemos a tener un mensaje esperanzador, de unión y de calma en estos momentos de desasosiego. Cuando las cosas están tensas es momento de sentarse, montar un picnic y echar la vista atrás, que igual aprendemos algo y no repetimos los mismos errores.