Publicó, entre otros, los libros: Increíble (El niño Stanton, 2007), Mi juventud unida (Mansalva, 2015), 200 ideas de libros (Iván Rosado, 2017) y Un lago que sube (Neutrinos, 2021). En Caballo negro publicó, en 2022, Alguna vez pensé esto (diarios 2012-2021), una edición aumentada de la que se publicó por editorial Triana en 2014.
No sé, no sé, no me gustó. Creo que encuentro muy débil el vínculo entre relatos: todos tienen algo que ver con el tabaco. ¿El tabaco es el aspecto central de los cuentos? No necesariamente. ¿El tabaquismo, las dinámicas de la adicción? Uhm, tampoco. En realidad pareciera que los une el hecho de que en algún momento de cada relato aparece un cigarro. Y eso ocurre con mayor o menor frecuencia, y cada relato puede tratarse más o menos de dicho cigarro o no. Quizá fue una buena idea, entre editores fumadores, y luego se habrán dado a la tarea de hacer la selección y encontraron que no era particularmente fértil y siguieron adelante. Y el resultado es una selección de relatos que no son especialmente malos ni especialmente buenos, pero en todos sale al menos un cigarro. Y pues bueno, así es la vida del antologador.
Estuve muchísimo tiempo buscando este libro por el relato "Para dejar de fumar" de Hebe Uhart que me gustó por su siempre acertado humor sobre la vida cotidiana y ese extrañamiento cómico que le encuentra a cada una de las cosas; en este caso, a los grupos de autoayuda para lo que sea. Me sorprendió y amé "Los ojos de tu perro" de Mónica Müller, cómo crea un relato redondito a partir de los detalles, cómo va hilando cada uno de ellos con la visión puesta en los gestos y en las anécdotas del padre, la mirada es hermosa. "Química y tabaco" me causó una especial ternura con la relación entre tabaco y lectura, las adicciones y las personalidades, el querer y el humo. Junto con "Kirchner, una vida" (y hasta ahí) y "Marlboro light" de Mario Bellatín podría decir que esos son los únicos textos que realmente hablan del "arte" de fumar, de la cultura del tabaquista, del mercado tabacalero con un intenso catálogo de marcas y sensaciones. En el resto, el pucho es una línea, una excusa, una palabra que anda por ahí dando vueltas y que no tiene tanto lugar para semejante título de antología como "Vagón fumador". Sin embargo, los que están buenos, son muy interesantes.