Para el autor, el modo de producción de China no se basa en la nacionalización de los medios de producción, como el de la URSS. En cambio, se fundamenta en la supeditación de la propiedad privada a los objetivos del PCCh.
Parte del éxito chino depende de la explotación de los datos y del desarrollo digital, con dos fines:
1) Crear efectos de red y economías de escala que permitan establecer oligopolios eficientes y fácilmente controlables. Como dice Jack Ma, a quien cita el autor, se trata de encontrar la mano invisible del mercado.
2) Controlar y orientar la opinión pública.
El tecno-socialismo refleja una inversión de la distinción marxista entre base y superestructura. En China, los medios de producción y las relaciones sociales de producción están al servicio de los objetivos eutáxicos del Estado; es decir, de garantizar su recursividad.
Solo por esta original idea, el libro merece cinco estrellas. No obstante, he echado en falta más datos sobre el peso del capital público en las multinacionales chinas; igualmente, no profundiza en la relación entre China e Hispanoamérica. En cualquier caso, lo recomiendo