Estos cuentos giran en torno a esa Sexta Avenida de la Ciudad de Guatemala, vibrante, diversa, mágica, llena de recuerdos; esa avenida, vieja siempre joven, que es como un lienzo en blanco en el que todo puede suceder: no es extraño que puedan pasar por «la Sexta» un muerto que intenta cumplir una tarea pendiente, un perro que habla, políticos, empresarios y funcionarios que tras muchas fechorías encuentran un final amargo, un santo muy vivo que canta con la voz de Louis Armstrong, un loco que adivina el futuro, un escritor sin ánimos de vivir, una mujer que encarna la libertad y otra, ciega, que vende lotería y le aparece en sueños a ciertos genocidas, un gigante que guarda en el corazón toda la ternura del mundo y personas que no claudican en su esfuerzo por ayudar a construir un mejor mundo.
En las dieciocho historias de esta colección, Jonathan Menkos Zeissig invita a recorrer la Sexta Avenida en el transcurso de noventa y nueve años, que comienzan en 1977, con el primer cuento, Hora de santos y terminan, en 2076, con Las posibilidades de nuestros nietos. Menkos Zeissig juega muy bien con el tiempo al lograr desdibujar esa magnitud física por medio de alegorías y un realismo mágico urbano, innovador y social, para después hilvanar sutilmente las narraciones por medio de hechos del pasado que pueden trastocar el presente y reconfigurar el futuro.
El lenguaje ameno y las bellas ilustraciones que forman este libro abren las puertas para que el lector camine en medio de una Sexta Avenida fascinante e inagotable.
Los trípticos del libro son interesantes, da una visión les entender desde otro punto de vista a Guatemala.
La realidad muchas veces supera la ficción y la ficción muchas veces parece ser realidad en el convulso acontecer nacional.
El autor es un excelente académico y un estadista que conoce los principales problemas que lastiman a la sociedad Guatemalteca y sabe como proponer soluciones.
Su faceta como escritor me permitió conocerlo un poco más.
Es una lectura sencilla y entretenida.
Dentro del libro hay unas pinturas a base acuarela que son unos tesoros y que capturan esa magia de la sexta avenida.