«Lo que soy solo puede servirme para componer la imagen de aquel que ya no será.»
«Limitación fatal de la filosofía: nadie encuentra en las ideas lo que ha perdido en la vida.»
No sé cuantas veces habré dicho ya: «NO me vuelvo a leer nada de CIORAN» para luego, a los pocos meses, cogerme otro de sus libros y volver a decepcionarme. Aunque, por suerte, esta vez no ha sido el caso. El autor es uno de esos de que si te has leído uno de sus libros, te has leído todos. Trata siempre los mismos temas, de la misma forma y con el mismo tono.
Después de «En las cimas de la desesperación», que a mi me pareció fascinante, me fui directo a por el resto de su obra, pero lo que me encontré fue un refrito de las mismas ideas, solo que en aforismos y mucho peor estructuradas. El autor tiene un gusto por la grandilocuencia que acierta tantas veces como falla, y algunos de sus aforismos son dignos de aparecer en un azucarillo para el café.
Al final, como soy así de terco, lo he vuelto a intentar con «Ventana a la nada». Que decir, mi relación con Cioran es complicada. La decepcion que me genera su falta de originalidad coexiste con la atracción que siento por sus idea sobre la magnificencia del arte y la expresión de su soledad. Aunque gran parte de sus aforismos sean pura paja grandilocuente o una idea que ya ha expresado diez páginas atrás, solo que con otras palabras, tiene algunos momentos de lucidez que redimen la lectura. Esta obra me ha gustado más que las otras que he leído de él (a excepción de, por supuesto, «En las cimas de la desesperación»), pero no creo que sea tanto porque el autor haya hecho un mejor trabajo, sino porque he conseguido cambiar mi forma de ver su obra y me he adaptado mejor a lo que ofrece.
Cioran, a mi parecer, es más poeta que pensador y, para bien y para mal, nunca cambia. Sus reflexiones son limitadas y en sus aforismos se dedica a volver una y otra vez a ellas, pero desde distintos ángulos y mediante otras figuras literarias. Por lo que he llegado a la conclusion de que más que adentrarme en la obra de Cioran en busca de preguntas o respuestas, me vale más la pena leerlo solo por el placer de leerlo y con un buen espacio entre las lecturas para no quemarlo. El autor me ha funcionado mejor cuando se ha vuelto ese lugar conocido y cómodo al que acudir cuando estoy con ganas de revolcarme en el pesimismo y, si estoy con suerte, generarme algo de catarsis.
Entonces, ¿es obra es más lúcida o interesante que el resto? Pues no sabría decir, quizá, creo que aquí influye más mi cambio de actitud que otra cosa. ¿Y si es todo el rato lo mismo, por qué seguir leyendo otras de sus obras? Porque a veces al autor pega algún desliz y mete alguna idea novedosa o tiene alguna reflexión que acaba por calar, aunque esto no sea lo habitual.