Thomas Pynchon, el más grande escritor vivo y uno de los más grandes de todos los tiempos, nunca ha sido un ermitaño ni un recluso. Simplemente, ha querido que le dejemos en paz. Ha querido tener una vida privada que sea solo suya y compartirla solo con el círculo de sus seres queridos, su familia, sus amigos, sus conocidos y, en general, las personas de carne y hueso con las que tiene una verdadera relación. ¿No deberíamos hacer todos lo mismo? Su rechazo a convertirse en noticia, su negativa a ser fotografiado, su deseo de permanecer anónimo, que en los años sesenta o setenta podían ser tomados por una mera rareza personal, han terminado por revelarse en la era de Facebook como la actitud más revolucionaria.
Licenciado en Filología Española por la Universidad Autónoma de Madrid. Residió en Nueva York, donde escribió varias obras de teatro en inglés, dos de las cuales (Nympho Lake y Ophelia) se representaron en el circuito off off Broadway. Gran aficionado a la música, ejerce la crítica de conciertos de música clásica en el periódico ABC, en cuyo suplemento cultural también mantiene una columna semanal. Ha sido pianista de jazz durante muchos años. Trabaja como profesor de español en la Escuela Oficial de Idiomas de Madrid.
En 1995 publicó su primera novela, La música del mundo, que obtuvo el Premio Ojo Crítico de Radio Nacional y fue recibida con grandes alabanzas por los principales críticos españoles. Posteriormente ha publicado varias novelas más: El mundo en la Era de Varick (1999), La sombra del pájaro lira (2003), El parque prohibido (2005, su primera incursión en la literatura juvenil y Memorias de un hombre de madera (2009, IV Premio Tristana de novela fantástica).
Además de la novela, Ibáñez ha cultivado también otros géneros. En 1994, su relato "No esperes" fue recogido en la antología Páginas amarillas. Su libro de relatos El perfume del cardamomo obtuvo el premio NH de relatos inéditos , y ha sido publicado por la Editorial Impedimenta, en 2008. Su libro de poesía El bulevar del crimen fue accésit del premio Rafael Morales. Es también un destacado articulista, colaborador habitual de Revista de Libros y del suplemento cultural del diario madrileño ABC, donde publica una columna titulada Comunicados de la tortuga celeste.
No es fácil escribir una biografía de Thomas Pynchon, como seguramente no es fácil escribirla de casi nadie. Incluso algunos datos que podrían ser más objetivos (que tiene un coeficiente de inteligencia desorbitado o que no se fotografía porque está acomplejado por su dentadura prominente) no dejan de ser especulaciones. Nos choca ahora aún más, en la era del selfie y la exposición de la intimidad en las redes sociales, no sólo que haya muy pocas fotos de su persona sino que él mismo haya jugado con eso apareciendo un par de veces en los Simpsons (la voz sí era la de Pynchon) o en la mítica y slgo misteriosa fotografía de una de sus casas californianas en las que sólo aparece su mano haciendo la V. Con ese percal, Andrés Ibáñez hace muy bien todo lo que se puede hacer al componer una biografía: escribirla a partir de lo que los demás nos cuentan de esa persona. De lo que no me había dado cuenta hasta ahora es que precisamente todo lo que los que han conocido, real o supuestamente, a Pynchon hacen narraciones totalmente pynchonianas de esas anécdotas, lo que le convierte en un personaje más de sus propias historias. Es más, ¿alguien ha visto alguna vez una foto de un personaje de una novela de ficción?
Lectura rápida y concisa, café para los interesados en la no-vida de Pynchon, en su huida constante y en entender un poco más el por qué de esa forma caótica, paranoica y maravillosa de entender el mundo. Además es una biografía muy respetuosa con la incógnita y el misterio. Viva Pynchon.