Haciéndose eco de la centralidad que la figura de Freud ocupa en la historia del psicoanálisis, el libro se ha organizado como un guión que remite a esa invisible presencia. A cada una de las protagonistas se le atribuye un papel que recuerda los personajes de la “comedia humana”. Después de “Las histéricas o la palabra corpórea” se suceden Anna Freud, la hija; Melanie Klein, la madre; Marie Bonaparte, la amiga; Lou Andreas-Salomé, la amante; Sabina Spielrein, la paciente; Helene Deutsch y Karen Hornet, las discípulas; Françoise Dolto, la sabia; Luce Irigaray, la hereje.