A priori parece una novela interesante, la sinopsis llama en cierto modo la atención, dando a entender que se plantea un juego entre dos mundos. Empiezas a leerla y ves que te va a entretener, una niña recorre el mundo inconsciente en compañía de un niño que conoce allí.
Pero a medida que te adentras, todo va mucho más allá. Mezcla herencias de Alicia, la Odisea, la mitología clásica, religiones y filosofías, incluso de La Historia Interminable. Sin embargo, consigue su propia identidad, no se queda en ellas adaptadas a los tiempos que corren. Porque, a medida que lees, te das cuenta de que ese otro mundo no es algo ajeno a la realidad, sino que la complementa. Y la autora aprovecha para sacar el lado humano de sus personajes en ese mundo inconsciente, porque muchas veces en el consciente no sabemos (o no nos acordamos, no tenemos tiempo de) mostrarlo. Además de dar oportunidades a tipos de personas incomprendidas o menospreciadas por la sociedad. Y una vez has llegado a ese punto, te ha atrapado y ya sólo puedes devorar la novela.
Al terminarla, llegas a la conclusión de haber leído un relato que, camuflándolo entre la ficción de un mundo imaginario con personajes extravagantes, es un canto a las relaciones, sentimientos y miedos de las personas. Además, en mi caso, por situaciones recientes, ciertos detalles me han llegado hondo (y no sólo por la asturianía compartida con la autora).
Tiene guiños a la realidad actual, tanto social como política. Los personajes dan para mucho, espero que se puedan seguir desarrollando en una segunda parte. Para mí no es recomendable, es imprescindible.