La mirada desprejuiciada de una niña en un suburbio del conurbano de los 70 le sirve a Claudia Stella para construir una obra que a la vez que profunda resulta ágil y graciosa. En su primera publicación, la autora logra construir un relato potente acerca de la identidad, una problemática muy cara a la historia argentina. La dictadura, los silencios, los orígenes, el amor, las contradicciones aparecen todas en esta obra dinámica en la que lo no dicho muchas veces resuena más que lo abiertamente declarado.
“Un gato con tres patas, la madre y su herida en el vientre que no cicatriza ni deja de supurar, una vecina que desaparece y vuelve otra, marcada por la violencia despersonalizante del poder. Rumores, conversaciones a media voz. Fragmentos. Una cotidianeidad que se vuelve peligrosa en un barrio difuso del conurbano en los años setenta. De la materia desgarrada de los días, en un presente continuo, y de la voz de una niña llamada Gabriela está hecha El nombre de los caracoles, de Claudia Stella. Escenas breves que se van ensartando en el hilo de esa voz que nunca pierde el tono, que a medida que trama también se detiene. Narrativa y lírica al mismo tiempo. Poética y política, El nombre de los caracoles es la novela de los que no tienen representación, de los que no son buscados, es la indagación feroz y conmovedora de una voz tímida y portentosa, la pregunta mítica del origen y el derecho a saber quiénes somos y de dónde venimos.”
La novela está contada en primera persona desde la perspectiva de Gabriela, una niña que a pesar de tener la edad de haber comenzado la primaria aún no ha ido a la escuela y no sabe leer. Vive rodeada de familia, tías, primos y amigos con los que juega en la calle, en las casas, anda en bicicleta, así acompañamos a la protagonista a lo largo de una etapa donde la aparición de una misteriosa mujer empaña la realidad y el destino de Gabriela y su familia.
Este libro llegó a mí por recomendación y préstamo de Susana, una querida colega bibliotecaria, luego de que participáramos de un taller sobre la representación del juego y los juguetes en libros antiguos, tema que resultó disparador para intercambiar lecturas. "El nombre de los caracoles" es la primera novela de Claudia Stella, y fue publicada en 2020 por Libros de UNAHUR, editorial de la Universidad Nacional de Hurlingham. En ella nos encontramos con el relato en primera persona de Gabriela, una nena de barrio, cuyos días transcurren entre lo visible y lo invisible, lo dicho y lo no dicho, en la Argentina de los años '70. Es una historia sobre la identidad, en la voz de quienes no han tenido voz, las infancias (cuya etimología no es casual y viene del latín "infans", que significa "el que no habla"). Junto con Gabriela nos asomamos a esa realidad y habitamos por un rato el espacio doméstico de tantas familias del conurbano. Se suceden escenas cotidianas, propias de ese ámbito que tiene como principales protagonistas a las mujeres y sus vínculos, pero en las que también se cuelan la violencia y los secretos. Y es que a partir de los silencios se construye esta historia: desde lo que no dice es desde donde más dice. Un gato abandonado de tres patas y una muñeca regalada desde el anonimato y que es bautizada como "la hija", son parte de la simbología que la acompaña en este contar sin decir. No creo que la breve reseña que puede hacerse en este espacio llegue a hacerle justicia, pero quiero destacar que es de esos libros que tocan el alma, que no se pueden soltar, que cuando concluyen nos dejan con la sensación de que un poquito de nosotrxs se quedó ahí enganchado entre las páginas y, sobre todo, un poquito de la historia quedó para siempre dentro nuestro.
"Cuando no quieren que los moleste se meten adentro de su casa redonda, traigo los lápices de colores, hojas y los dibujo, me salen lindísimos, una vuelta, otra, otra más y queda hecha la casa, la pinto con marrón y amarillo, dibujo una muy grande como para mí. Como los caracoles, así me gustaría vivir"
Una historia contada muy linda, pero triste e injusta