La gente como uno es una expresión-código para reafirmar, discriminar y levantar guetos imaginarios. Y es la frase que le da nombre a este libro, en el que la autora va coleccionando distintas formas de clasismo. Criada en Las Condes, hija de dos funcionarios de la dictadura y formada en un ambiente con miedo a los cambios, García Jiménez escribe con entereza, para mostrarnos el lado menos explorado del barrio alto. La gente como uno se puede leer como el diario de viaje de la desde que es la guagua del Sí a Pinochet, hasta llegar a la marcha más grande de la historia durante el estallido social de octubre de 2019. Pero, también, se puede entender como el relato puertas adentro de nuestra transición polí una crónica íntima y personal de los últimos 30 años del país. Bernardita García Jiménez hace un debut literario valiente y sensible, necesario para una nueva no ficción creativa chilena. Con formación en el periodismo y en la literatura, es capaz de mostrarse sin contemplaciones, desafiando a quien está leyendo a que haga lo mismo. -Juan Pablo Meneses
Deambular por la memoria para re construir el relato de una vida desde una mirada a la que políticamente no estamos acostumbrados y acostumbradas. Desde allí escribe Bernardita García, la “guagua del Sí”. Nos cuenta el crecimiento en una familia afín a la dictadura y que gracias a ella logra una posición social que se irá desmoronado a medida que ella crezca y perciba como la historia que le iban narrando, no era más que el refugio familiar que construían alrededor de ella. Una novela de no ficción, que repasa la historia de todos y todas aquellas que nacimos en los estertores de la dictadura y que fuimos re armando nuestras propias historias a medida que oíamos otras. Un extraordinario debut literario, para re pensar nuestro futuro con el ojo puesto de lo que ha sido el pasado. Una excelente lectura para el período que se nos viene, la constituyente, pensando en que muchos y muchas quieren que olvidemos que hicieron en su pasado político.
Bernardita disecciona con gracia no solo a su familia y la sociedad que le tocó, con la que creció, también hace una revisión a la ignorancia suya en relación a la dictadura chilena. Creció sin apenas enterarse, pero había algo que le molestaba, y de a poco lo va entendiendo. Tendría que crecer para saber que fue lo que ocurrió en su país, mientras vivía entre privilegios y el clasismo a tope.
Hubo un momento en el que pensé que la mirada de la escritora hacia su niñez era algo así como revisionista, y me puso nervioso, no obstante, es hacia el final del libro que entiendo que no había otra forma de afrontar esta historia. El epílogo captura el gran objetivo de Bernardita al escribir este libro. Es una suerte de círculo perfecto que empieza con la campaña del SÍ y el NO en el Chile de los 80.
No sabía nada de este libro. Lo encontré en el persa y, de curiosa, lo compré. Y me gustó, la verdad, me entretuvo. Es una historia liviana, de cómo la autora va creciendo y deconstruyendo la forma de ver la vida de la que su familia la hizo cómplice.
"Habrá momentos en que pensaré en mi papá y mi mamá, y todas esas preguntas que nunca me contestaron, y los resentiré por echarme al mundo así de muda y ciega. Otras veces sentiré una lástima profunda por ellos, por sus convicciones y omisiones, y porque en algún lugar de su corazon algo tuvo que romperse primero para cuajar después y justificar lo injustificable".
Creo qué hay que sentirse parte de la “gente como uno” para empatizar con lo que la autora nos comparte de su vida… si no fuera el caso, creo que no habría tolerado mucho el libro.
Me quedo con dos citas: “Y, al final, puedo empezar a de deshacerme de tanto recelo que me tengo por lo injusto de mis privilegios.”
“La lucha contra nuestros propios prejuicios y adoctrinamientos es un trabajo que nunca se acaba (…).”
"Criada en Las Condes, hija de dos funcionarios de la dictadura y formada en un ambiente con miedo a los cambios, la autora describe el lado menos explorado del barrio alto". Completamente distinto a lo que suelo leer, pero, mmm, no lo sé Rick...