Antes de volcarme al cien por ciento a la escritura, sentía que me ahogaba constantemente . Tenía pesadillas en las que me faltaba el aire y Dios me decía: "no importa, sigue ahogándote, es lo correcto", ahí fue cuando supe que era momento de hablar mi idioma, estaba hasta la madre de vivir dentro de un lenguaje ajeno al mío: el idioma de lo moralmente correcto.
Me di cuenta que si no le decía al mundo quién era yo, jamás sabrían quién soy, extrañaba todas mis libertades, me di cuenta que las reglas cambian durante los tiempos trágicos. En Coatza vivía una vida moralmente correcta, con el trabajo perfecto que no me permitía explorar mis letras, la consecuencia inmediata de esa vida era estar casada y con hijos. Me hubiera aterrado hacer lo que hacía, víctima de la consecuencia, por eso decidí cambiar mi destino, no quería seguir viviendo una tragedia.
Hay miedos que jamás desaparecen: La tentación constante de Satanás ante la represión de mis letras, la cual Dios fomenta. La verdad, mi verdad es muy importante. Mi verdad se encuentra a veces en el cielo y otras tantas en el infierno. Sálvate de mí, es mi mayor consejo.