Existen novelas que se eligen por el renombre del autor, porque alguien te las recomendó, porque viste un reel en Instagram o un Tik Tok, por la portada del libro. Yo elegí Cómo sujetar mi alma para que roce la tuya (Carmen Gloria López, 2020, Ed. Sudamericana) por su título.
La autora nos dice en sus páginas iniciales que esta novela puede ser leída de corrido o como tres cuentos intercalados: Taxi del 2021, Andante del 2006 y Allegro del 2015. También puede ser leída de manera cronológica partiendo en 2006 y terminando en 2021. Yo la leí en en el orden impreso, en donde los relatos y los años se entremezclan, y creo que hizo que todo fuera emocionante y envolvente.
Que es el amor, sino un gran cliché? Esta es una historia de amor, alejada del dulzón felices por siempre. Y su lejanía con el final feliz quizás también pueda ser un cliché, no lo sé. Es la historia de Ana y Marco. Ana Gruber y Marco (sin s final) Sanchez. Lo que fue y lo que pudo ser. El miedo al amor y el dolor de cuestionarse como amar.
Ana (aunque más tarde la conoceremos como Anne), creía que su vida estaba consagrada a la música clásica. Siempre quiso ser violinista, pero acabó tocando el piano. Porque Ana está acostumbrada a huir apenas alcanza el umbral de sus sueños. Entonces aparece Marco, su primer amor de los 15 años, su único amor. El es una prueba a su resistencia, al recuerdo del camino que decidió dejar atrás, apartando una parte de su biografía. Él es quien la inquieta, llega a su alma y la persigue durante 15 años desde Frutillar hasta Viena y luego a Nueva York. Y es incapaz de aprender a amar y dejarse amar. Y Marco es un hombre que no sabe más que hacer que solo esperar. Esperarla.
La novela me hizo sentir mucho. Es de lectura muy ágil y alejada de lugares comunes. Esta bellamente escrita, la leí en dos dias, con algunas pausas necesarias como comer o dormir, sino lo hubiese leído de tirón. Es incómoda, el personaje de Ana es incómodo (de hecho, no existe amor para ella más que el incómodo). Y aquello provoco que tuviera que re-visitar algunas experiencias y situaciones de mi memoria y mi corazón. Me emocionó y me mantuvo con un ánimo de melancolía y tristeza. Por Ana y Marco, que oscilan entre la necesidad y la espera, su amor incompleto que no logra ser pleno, se estanca en los miedos, en las expectativas, en promesas que no se cumplen, en un pasado en común, el presente en pausa y un futuro que nunca existirá.
Destacadisimo fue para mi el retrato de la madre de Ana. Sin decirlo explícitamente, es claro que padece de algún problema de salud mental y esto configura la personalidad de Ana. El relato de sus días buenos y sus días malos es perfecto. Era como estar allí y compadecer a Ana. Me imagino a madre amenazando con ahorcarse o cortarse las venas si es que Ana no la ayudaba a solucionar sus problemas. Luego días de felicidad, risas, limpieza y vitalidad. Para luego estrellarse estrepitosamente y arrastrando a toda la casa con ella.
Esperaba algunos giros inesperados en la vida de Ana y me quedé con muchas ganas de conocer más de la vida de Marco sin Ana y más de la vida de Ana sin Marco (grandes temas: estar sin el otro, que no tiene nada que ver con la soledad. O como cuando al fin puedes encontrar un lugar donde la ausencia del otro no duele. O no es lo mismo estar solo que estar sin ti) Desearía también modificar el final; la que desea aquello es la lectora a quien le gustan los finales felices. Me imaginaba a Ana comenzando a sanar sus heridas de infancia, comprendiendo que se debe permitir la libertad, se puede permitir amar. A ella, a Marco. Pero quizás así debía ser. Para enseñarnos sobre las marcas que dejan nuestras situaciones pasadas y el miedo al amor. Podría hablar de esta novela muchas horas. Una de las lecturas más queridas de este año.