Tras la misteriosa desaparición de su marido, la famosa y esquiva escritora Julia Tompson decide responder a una peculiar petición: la de un hombre llamado Max Ventura que, justo antes de desaparecer también, desea poner en orden su extensa biblioteca. Para lograr ordenar los libros de Ventura y tratar de entender ambas desapariciones, Tompson contará con la ayuda de Arturo C. Dola, escritor de novelas de misterio y espiritista, y con la de Eduardo, el joven y asustadizo ayudante de Max Ventura. Comienza entonces una búsqueda incesante donde la realidad y la ficción se funden en cada página y donde los actos cotidianos y los detalles en apariencia insignificantes convierten una pasión salvaje (la pasión por los libros) en una historia inolvidable. ¿Qué acecha al final del laberinto?
Leticia Sánchez Ruiz es una periodista y novelista española, ganadora en 2009 del IX Premio de Novela Emilio Alarcos por su novela Los libros luciérnaga y en 2011 del Premio Ateneo Joven de Sevilla de Novela por El Gran Juego. Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Pontificia de Salamanca, comienza su trayectoria colaborando con diversos medios de comunicación como columnista, redactora y crítica literaria. Ha publicado sus cuentos en los periódicos asturianos Oviedo Diario y El Comercio. Reside actualmente en Oviedo (Asturias), donde desarolla su labor periodística y literaria.
Valoración: 3,5/5 Novela que mezcla la ficción con una especie de ‘ensayo’ metaliterario. Esta parte referente a la metaliteratura me ha resultado muy interesante y es la que más me ha gustado.
«No sólo somos lo que leemos, sino también lo que hemos decidido no leer. Ambos hechos nos definen.»
Un enigma metaliterario es la nueva propuesta de la autora Leticia Sánchez Ruiz para su novela La biblioteca de Max Ventura. Un libro que nos recordará a un laberinto y que bien podría hacer que el lector necesitara pasar páginas hacia la izquierda como si de un auténtico laberinto se tratara para llegar así al núcleo de la intriga.
Julia Tompson, una reconocida y prestigiosa escritora, tras la desaparición de su paciente marido Alfredo, aceptará el encargo de ordenar la biblioteca de un tal Max Ventura. Pero Max Ventura también desaparece. Desconcertada ante tanta ausencia y también debido a su nueva situación, buscará el apoyo de un amigo, Arturo C. Dola, escritor de novelas de misterio, médico y fiel seguidor del espiritismo —clarísimo guiño hacia Arthur Conan Doyle—. Tompson contará también con la ayuda de un joven llamado Eduardo, el ‘jefe de gabinete’ de Max Ventura.
Uno de los libros más curiosos que he leído en mucho tiempo, pues no se parece a nada que haya leído antes. Para mí, mezcla dos géneros que jamás había visto unidos antes: el thriller o novela de misterio con el ensayo… desde luego ha sido una lectura muy peculiar en la que he subrayado muchísimas frases y párrafos que me han explicado mejor el amor por la literatura. Creo que esta historia es toda una oda a los libros.
La escritora Julia Tompson tiene que ordenar la biblioteca del coleccionista Max Ventura quien está desaparecido. Sánchez Ruiz a partir de esa premisa construye esta novela en la que utiliza a la escritora para lanzar juicios sobre ciertos escritores y la labor de la escritura, la idea de la desaparición de los escritores —que en algunos puntos estira demasiado la liga para hacer parecer como desaparición ciertos momentos de la vida de algunos escritores— todo lo cual pudiera haber funcionado como un ensayo, pero que Sánchez aspira a hacer pasar por metaliteraria. Sin embargo, ese no es el mayor problema de esta obra, sino que los misterios con los que pretende construir la tensión no ofrecen tensión alguna, el coleccionista para quien se ordena la biblioteca está desaparecido pero al lector nunca le queda claro el porqué debería importarle que apareciera o no; así mismo, hay una indefinición que no ayuda a la narración, la ciudad en la que transcurre la novela, tan importante para el desaparecido, no tiene nombre y los espacios descritos nunca cobran realidad porque son indefinidos, es evidente que la autora quería hacer una ciudad que pudiera ser todas las ciudades, pero esa aspiración choca con la otra aspiración de hacer de ese espacio, la ciudad, la cifra que soluciona el misterio de la obra —dar orden a la biblioteca—.
Esta lectura ha sido una experiencia extrasensorial, realmente como todo lo que escribe Leticia. Muy pocas veces me he visto tan absorbida por una historia y tan involucrada con unos personajes que leyendo sus libros. La sensación es casi como de estar ahí. Casi casi parece cosa de magia. Es que además me pasó mucho mientras leía .
Una novela para amantes de los libros, de las bibliotecas, de la literatura, y también de pasear por ciudades grises. Es decir, cualquiera diría que me lo han hecho a medida. Los personajes y la trama no me han gustado tanto, pero poco a poco he entrado en el misterio y he cogido cariño a Tompson, Eduardo y Arturo. Por cierto, el final me ha parecido perfecto, y eso es francamente excepcional.
No me ha gustado nada, y bien que lo siento, pues me consta que quien me lo regaló me aprecia y lo hizo con cariño. Una trama juvenil, casi inexistente, aderezada con un montón de palabrería y citando libros y autores clásicos, como intentando darle una pátina de erudición. Le pongo una estrella porque no puedo poner menos.
Este libro me ha impresionado mucho. Ya desde el principio Thompson me cautivó, y poco a poco todos los personajes, la trama y las referencias literarias me han llevado a disfrutar muchísimo el libro. Una sorpresa absoluta ❤️
Una historia interesante. Pero la narración era muy caótica, no pude enganchar con los personajes, los sentí muy planos. La idea es buena, pero en fin Yo no enganché.
La biblioteca de Max Ventura, a pesar de las buenas maneras y la prosa amena, se hace pesada, le sobran casi la mitad de las páginas. El misterio Ventura no encela lo suficiente, no despierta curiosidad alguna. Las disertaciones sobre los muchos libros y escritores que aparecen —a veces acertadas, a menudo endebles— tampoco corresponden al esfuerzo de avanzar en la obra. Las peculiaridades del oficio de escribir es, quizá, lo más enjundioso que sacamos de la lectura, pero este asunto es tan meticuloso, tan obsesivo, tan personal y ombliguista (al estilo César: hablando de sí en tercera persona) que se vuelve obsesivo, repetitivo, y acaba cansando. Uno llega hasta el final porque la novela es inteligente, tiene una rara agilidad, está muy bien dialogada y regala de vez en vez ocurrencias y reflexiones que dan que pensar.