Washington Cucurto es el seudónimo de Santiago Vega, poeta, narrador y editor argentino, nacido en Quilmes hacia 1973. Su obra siempre recurre a las minorías y a los marginales. Creó y dirige la editorial Eloísa Cartonera, un proyecto social que publica libros de autores inéditos latinoamericanos editados en cartón comprado a los cartoneros de Buenos Aires.
En 1997, con la aparición del libro de poemas Zelarayán (mezcla de televisión, cómic y política), irrumpió en la escena cultural argentina. Fundó junto a otros poetas (Rodolfo Edwards, Daniel Durand) del estilo narrativo llamado realismo atolondrado.
También incursionó en el llamado neobarroco con los poemarios "La máquina de hacer paraguayitos" y "Veinte pungas contra un pasajero". Describió en sus novelas y poemas la inmigración dominicana, peruana y paraguaya de la década de 1990 en Buenos Aires, por lo cual Ricardo Piglia lo equipara a Roberto Arlt y a Armando Discépolo.
Su libro "Cosa de negros" está narrado en un lenguaje fresco, lleno de neologismos cruzados de la jerga de los inmigrantes de países limítrofes y el mundo de las bailantas de cumbia.
En "1810. La revolución vivida por los negros", pretende desenmascarar la cara "obsculta" del General San Martín a quien el autor describe como un "milico sudamericano, golpista, represivo, dictador y chorro como todos...".
En 2005, 2006 y 2007, estuvo en Stuttgart, becado por la Akademie Schloss Solitude, un ente público financiado por el gobierno del Bundesland alemán Baden-Württemberg.
Comenzó a escribir crónicas deportivas en el diario Crítica, y en 2011, columnas sobre fútbol en ESPN. Actualmente está terminando una biografía de Don Ramón, personaje de El Chavo del Ocho.
El sátiro-poeta pinta paisajes llenos de vulgaridad y ternura. Que son poesía y calentura. Atolondrado y desopilante. El email devenido poema-sorete es un cohete a la luna. Una ruptura. Esta vez hasta se queja del fútbol. Los abogados noventosos que quieren ser escritores exitosos le quitan el pulso a Cucurto, le frenan la transpiración, le mojan el cartón. La lírica vive en lo cotidiano. No lo transforma en otra cosa, no hay aura, no hay magia, hay simplemente libertinaje-lenguaje. Lenguaje en toda su realidad asesina. La calle, la cama, el bolsito de vendedor ambulante. Las flores dominicanas. La indignación por la injusticia social. El lenguaje se retuerce bajo el yugo neoliberal. En la pajarera y sus alrededores Cucurto piensa en lo que no es ni quiere ser. En la pajarera Cucurto sufre y es feliz. Sobre todo, es feliz.
Otra joya de Cucurto, un verdadero exponente del realismo de cuidad de Buenos Aires. Leyendo los poemas de Pajarera de Once uno puede adentrarse en las callejuelas de uno de esos barrios raros del cual los no porteños o aporteñados desconocemos hasta que lo caminamos.