El pasado es un campo minado de imágenes sin orden que explotan con violencia compulsiva al menor descuido. El protagonista de esta novela dejó el complejo de viviendas de su infancia hace muchos años, pero los recuerdos perturbadores de una adolescencia en plena crisis le vuelven como apariciones. Como si, en una galaxia distante, Sami y Lucas siguieran tirando piedras desde las azoteas, las garitas de Policía ardiendo, los disparos aún resonando, un hilo de sangre corriendo para siempre por la caja del ascensor; como si los espacios comunes se hubieran vuelto un laberinto del que es imposible salir. Una muy madura primera novela en la que el tiempo no es más que una onda expansiva.
«Lucas dice que los únicos que saben la verdad sobre el complejo son los pibes que revuelven la basura por las noches, adentrándose en lo que alguna vez fue funcional o importante, entre sedimentos de vida prensada y hedienta. Entre lo orgánico y lo plástico. Ahí adentro, aferrándose a lo que en otro lugar es parte del pasado.»
Los pasajes comunes de Gonzalo Baz (Criatura editora, 2020)
Los pasajes comunes es una novela fraccionada, que se va desarrollando de forma errática y desconectada a medida de que nos vamos enterando de pequeñas secciones de la vida de los personajes en un complejo de viviendas, en particular se refiere al complejo de Euskalerria de Malvín Norte, pero que en su esencia, aplica a cualquiera de estos complejos laberinticos y monstruosos de viviendas que fueron furor hace tantos años. Esta novela sigue un poco las ideas que Gonzalo desarrolla en su libro de cuentos anterior, usando a la arquitectura, a el espacio geográfico como un personaje, y yendo mas lejos aún, convirtiendo a este lugar del que habla en el verdadero protagonista de la historia que nos está contando y no tan solo un personaje más. Este complejo de viviendas va adquiriendo una vida propia a medida que nos adentramos en la vida de los personajes y vamos viendo como lo perciben, como lo viven, vamos viendo la decadencia que percibe en estos complejos de viviendas, una decadencia material que tiene un paralelismo con la decadencia humana que presenciamos, que va de la mano con la realidad política y económica que estamos presenciando, mas que nada la del mundo post crisis del 2002.
“Tengo mucho que contar sobre esa época, pero prefiero escribir sobre esos recuerdos que vuelven con violencia a cada rato, que irrumpen cuando no los estoy buscando, suenan como una explosión lejana que me paraliza mientras su onda expansiva se acerca hacia mí y, de un momento a otro, quedo aturdido por un montón de imágenes a las que nunca pude poner orden: las garitas policiales incendiadas, el césped congelado de la canchita de futbol, el sonido de un ascensor que baja y sube desquiciado en la madrugada. A veces sueño que sobrevuelo la noche entre edificios d eplata y acero, y nos veo con nuestras camperas y nuestros dedos tiesos por el frío, intentando rasgar una guitarra. El complejo en su forma espectral mirándonos desde las ventanas de los últimos pisos, cuando creemos que todos duermen. Ese residuo inútil, lleno de maldad.”
Disfruto mucho de la forma de escribir del autor, me gusta ese estilo de describir los sucesos que narra, lo fantástico en el estilo, mas no necesariamente en lo natural de los hechos mismos que suceden que en general tienden a anclarse en la realidad, sino mas bien para generar un ambiente, un mindset en la cabeza del lector, de a momentos me hace pensar en un estilo que parece sacado de una novela weird al estilo de Ramiro Sanchiz, pero donde los sucesos en si podrían ser sacados de nuestra propia memoria y no de una realidad alternativa. Este complejo de viviendas toma vida propia y podemos ver su maduración, sus cambios en las diferentes formas de percibirlo de los personajes que se ven obligados a volver. Ese juego de la memoria que nos hace recordar las cosas diferentes a como realmente fueron y que parece crear realidades alternativas que solo podemos anclar a la nuestra una vez que las ponemos en conversación con las percepciones ajenas tiene un peso importante en esta novela, como le pasa al escritor brasilero que trata de escribir sobre el lugar donde vivió la infancia, solo para darse cuenta de que no lo reconoce al volver de adulto. Es un libro que se me hizo muy disfrutable, aunque prefiero el libro anterior de cuentos, seguramente porque podía abordar las mismas ideas pero de ángulos diferentes, me gusto mucho ese enlace entre literatura del yo fraccionaria y una especie de realismo que muta hacia lo weird a medida que vas avanzando y adentrándote en las entrañas de la historia, como si nuestra percepción de la realidad se quebrara al terminar de comprender la posibilidad de que los lugares que habitamos tengan su vida propia y nosotros seamos tan solo parte de su ecosistema, una concepción Lovecraftiana que nos termina de romper la sanidad cuando la comprendemos a fondo.
Un libro dulce y amargo a la vez. Ya había leído cuentos del autor y tanto eso como estos pasajes fueron como volver a algo conocido, me sentí cómoda en la lectura e incómoda en las imágenes.
"[...] transitar es fácil, lo difícil es quedarse y darle sentido a un lugar. Porque me había egañado con que podía vivir dislocándome constantemente, generando vínculos acá y alla, dejando fantasmas [...]. Los desplazamientos, sea en la dirección que ses, generan interpretación. La distancia convierte esos trazos fugaces en figuraciones estáticas. Capaz que por eso es tan extraño volver.
Hay algo lindo acá. La nostalgia, el barrio, la infancia. Me faltó un poco más de desarrollo en la historia de algunos personajes que creo que están buenos.
A pesar de nunca haber visto ni mucho menos vivido en esos apartamentos, el autor supo hacer tal descripción, que no es difícil imaginarse cómo era vivir allí. Siento que es un libro corto y certero, que sabe lo que quiere contar y lo hace con tanta honestidad que es imposible no sentir algo mientras van pasando las páginas.
"No podés volver a ninguna parte. Y si te vas, igual te quedás."
Si bien aquí no hay una gran innovación en cuanto al estilo o estructura, sí que pienso que hay algo de genuino en la historia. Y es que al final, los personajes que aparecen dan un poco igual. Lo interesante son las acciones que configuran el complejo en el que se desarrolla la novela. Lo importante es el complejo en sí, como un animal del que se describen sus procesos internos a través de la memoria, un animal que enferma y está destinado a la autodestrucción. Muy bien escrito también, por cierto.
Me gustó pila, lo digo con la certeza de haberlo terminado queriendo un poco más. No se muy bien si fue por la cercanía de haber pasando mi adolescencia en los pasajes de un complejo de edificios o no, pero todo se sintió demasiado familiar.
"Los desplazamientos, sea en la dirección que sea, generan interpretación. La distancia convierte esos trazos fugaces en figuraciones estáticas. Capaz que por eso es tan extraño volver." ___________________________ "Los pasajes comunes" es una novela que nos traslada a los años de adolescencia del narrador y sus amigues en un complejo de edificios que se construyó en Montevideo en la década del 70. Hoy el narrador adulto, lejos en espacio y tiempo, narra sus recuerdos cargados de caos, confusión y, principalmente, de violencia. El complejo, contruído para que lo habitaran funcionarios de las Fuerzas y futuros estudiantes del interior, es hogar de cientos de familias que intentan subsistir en un país que atraviesa la crisis de fines y principios de siglo. El narrador y sus amigues Sami y Lucas pasan el tiempo afuera de sus casas, "perdidos en ideas apocalípticas, en presagios borrosos", en constante búsqueda de algo nuevo que los traslade, aunque sea en el imaginario, a un lugar mejor. Sin embargo, en ese intento por escapar de crisis familiares se pierden en la violencia policial y de los guardias de seguridad, y del gatillo fácil de esos pasajes comunes laberínticos. Mientras el complejo, personificación de la marginalidad, se cae a pedazos, también las vidas de quienes lo habitan. "Los pasajes comunes" es una novela breve, de capítulos breves, que habla sobre crecer siendo marginal y las posibilidades de futuro que esa situación ofrece. Una novela con mucha energía ariana por el fuego, el deseo, el empuje y la violencia; también muy acuariana por el ser marginal y el intento de desconexión emocional de los personajes. Si querés la podés leer rápido, pero te recomiendo que te detengas cada tanto. Disponible en Las Orquídeas de Dolores.
Esta ha sido una lectura particular. Por un lado, he disfrutado muchísimo con la voz poética de Baz, quien nos regala algunos pasajes y algunas reflexiones realmente potente. Por otro lado, no entendí cuál era el objetivo del texto. ¿Por qué me contaban esos pasajes? ¿A dónde me querían llevar? Sin embargo, al terminar la lectura, me sentí como un vecino más de ese conjunto departamental. Baz escribe desde la recuperación de la memoria y nos introduce a un mundo harto interesante, poblado de situaciones y personajes que llaman la atención de muchas maneras. Llevaba mucho queriendo leer a este autor uruguayo y creo que empezar a conocerlo con “Los pasajes comunes” ha sido un gran acierto.
Como lo dice el mismo título de la obra: son pasajes. En cierta manera, me gustaron los finales de cada capítulo, te dejan con cierta nostalgia, con algo que quedó ahí. Algo gris y triste sobre la juventud y el barrio donde crecieron.
Creo que es un buen primer libro. Es una intro al universo de Baz, o de lo que va a hacer de aquí en más.
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"Transitar es fácil, lo difícil es quedarse y darle sentido a un lugar."
Creo que si tuviera que describir el libro lo haría como la historia de un espacio liminal. Las torres y todo lo que las rodea es un personaje más de la historia de sus protagonistas, que casi parecen ser quienes le pasan a éstas y no en viceversa (la gente se va, los sitios (a veces) quedan, como testigos). Hay un tono nostálgico (con un toque seco y no endulzado de añoranza) en la prosa que se diluye entre lo que fue y lo que uno recuerda que fue que me parece maravilloso. Como un sitio se transforma en memorias y memorias se transforman en un sitio. Creo que ahí está la clave de este maravilloso libro.
Es lo primero que leo de Gonzalo Baz, pero espero no sea lo último.
Me lo habían recomendado así que fui. Me aburrí enormemente, un libro sin alma, sin vida, una copia mala de otros escritores que además tampoco me gustan. No leeré más de este autor.
Hermoso de leer para cualquier piba que jugó en la calle a la pelota. Recuerdos de lo humano, lo turbio adolescente. Lo bello de imaginar que el mundo nunca pudo ser distinto.