A comienzos de 2014, el periodista Martín Franco Vélez regresó a Manizales, su ciudad natal, para tratar de sanar viejas heridas en la compleja relación con su padre. Con un hijo a punto de nacer y sin un trabajo estable —al que había renunciado días atrás—, se embarcó en un viaje a la intimidad de una historia familiar dolorosa, en la que se entretejen preguntas sobre lo que significa ser padre y sobre el papel determinante que ha jugado el alcohol en nuestra cultura. Las páginas que componen este libro testimonial son una sentida y descarnada exploración de esa costumbre —la de tomar, la de emborracharse— y de tres generaciones de hombres que crecieron en una sociedad que se niega a reconocer la fragilidad como parte de la vida humana y que, en cambio, enarbola la hombría como señal de fortaleza. Pero sobre todas las cosas, La sombra de mi padre es un potente e iluminador relato sobre el peso de los legados, y sobre esa íntima batalla que se libra dentro de cada uno de nosotros entre lo que percibimos como nuestro destino heredado y la posibilidad —solo la posibilidad— de librarnos de esa carga.
Un libro con una gran carga de humanidad y cercanía en mi caso ya que comparto origen, cultura y profesión con Martín (a quién además tengo la fortuna de conocer).
Descarnado, doloroso, esperanzador y agobiante. La escritura de Martín es descomplicada y te invita a ser testigo de su historia en la que, muchas veces, terminas viéndote reflejado.
La primera parte me pareció envolvente y me pude relacionar. El libro me deja con el cuestionamiento de cómo nuestros anteapsados moldean nuestra realción con el mundo, pero como también la misma sociedad los puede modificar