«Ni fórmula, ni una ruta de viaje, una ruta, eso sí, reflexionada.»
Si toda vida es un viaje, resulta idóneo contar con los instrumentos de navegación adecuados. No hay que confiarse, el hecho de que el territorio de nuestra expedición nos sea aparentemente familiar no implica que estemos libres de extravíos. Un mapa puede ser esencial -un mapa, por supuesto, de nosotros mismos.
En este libro, Federico Reyes Heroles se convierte en cartógrafo de su existencia. La técnica que utiliza es sencilla pero levantar un registro de las coordenadas que han dotado de sentido a su vida. Momentos de plenitud, obsesiones y pasiones quedan asentados en este inventario personal. Así, por este Registro pasan el insomnio y el ritual de iniciar el día, el vicio de la música y el placer de la concentración, el amor a los árboles y a los perros, el gozo como lujo (y no viceversa), el arte de la conversación y el paraíso privado de las caricias.
El mapa obtenido sirve como guía para revisitar las provincias de la memoria, pero también como brújula para seguir definiendo la ruta de los días por venir. Es útil para el propio cartógrafo, pero también para los viajeros de otras tierras. Pues, como toda verdadera literatura, este Registro es íntimo y general a la vez.
Muy decepcionante. Libro repleto de obviedades y cursilerías. De sabiduría más bien pedestre. De consejos de libro de autoayuda. Había leído el libro que le dedicó a su padre, que disfruté mucho, por lo que contaba de Jesús Reyes Heroles, intelectual y político. Pero este es todo lo contrario, por centrarse en él, personalidad muy primaria. Un desperdicio de tiempo.
Me topé con este libro por casualidad. Leí la contraportada y de inmediato sentí la vibra que me indicaba que de sus páginas podría obtener gozo... No me equivoque.
Desde el principio me atrapó, no pude soltarlo. Todo lo ahí contado se funde con las vivencias personales —sin importar lo jóvenes o viejos que seamos— y con ello se consiguen exprimir las reflexiones que su autor ofrece; como un padre que, una tarde, le ofrece a su hija una charla en la sobremesa, con el olor del café y pastelillos como maridaje de la situación. O una madre que le cuenta de su vida a su hijo, tumbados ambos en el sillón bajo la áurea luz vespertina. Así me hizo sentir.
Un libro para leerlo de noche, disfrutando cada experiencia y buscando de qué manera introducir sus enseñanzas en nuestra vida. Un libro simplemente exquisito.
Un libro que leí el último día del año y resultó ser muy conveniente. Un libro de reflexiones del autor que nos invita a poner un freno momentáneo en nuestras vidas y aprender a disfrutar de la naturaleza, de la música, de nuestras mascotas, de nuestras dependencias y de tener más abiertos los ojos y los oídos a la vida. Muy buena manera de terminar un año pues son momentos que se prestan para pensar, analizar, aprender y entender.
Escrito a manera de confesión y provocador de reflexión, este libro es una joya más del autor. Para mi fue particularmente especial leerlo en la víspera del 2021 porque nutrió mi visión de la vida y de lo que implica ser humano.
Un excelente libro para cambiar la perspectiva de tu persona y vida. Usa un vocabulario enriquecedor por lo que vuelve te hace disfrutar mejor la lectura. Recomiendo llevar una libertad donde anotes ideas o pensamientos para que posteriormente puedas pensar con mayor detenimiento las cosas.