Un tesoro precioso esperando ser descubierto por la generacion actual, este libro es un hallazgo. Penetra siglos de neblina espiritual para dredescubrir el poder inherente de la justicacion por la fe pura, del Nuevo Testamento. Con honestidad y claridad poco comon, sin embargo con amor, el autor pone su dedo en la verdadera razon de nuestras muchas derrotas espirituales la incredulidad. Lo mejor de todo, demuestra como triunfar sobre esa paralisis pecaminosa, tan comun creyendo lo buenas que las Buenas Nuevas son. Aqul hay luz espiritual. Reimpreso en respuesta a las demandas de avidos buscadores en Australia, Europa, Africa, el Lejano Oriente, y Norte America, el agradable volumen de Waggoner esta en camino de obtener el esta do de un clasico.
“¿Qué debemos decir, entonces, a la sugerencia hecha de que Cristo cambió el día del sábado, de un día que conmemora la terminación de la creación a un día que carece de tal significado? Sencillamente esto, que cambiar o abolir el sábado equivaldría a destruir aquello que trae a la mente su divinidad. Si Cristo hubiera abolido el sábado, hubiera deshecho la obra de sus propias manos, y por lo tanto hubiera obrado en contra de sí mismo; y un reino dividido contra sí no puede permanecer. Pero Cristo "no se puede negar a sí mismo", y en consecuencia no cambió ni una jota de aquello que Él mismo estableció, y que al testificar de su divinidad lo declara ser digno del honor que merece, por encima de todos los dioses de los paganos. Hubiera sido tan imposible para Cristo cambiar el sábado, como hubiera sido cambiar el hecho de que Él creó todas las cosas en seis días, y descansó en el séptimo.”
"¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación o angustia? ¿Persecución o hambre? ¿Desnudez, peligro o espada?" "Dios, que nos ama, nos ayuda a salir más que vencedores en todo" (Romanos 8:35,37) "Por eso estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni demonios, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro". (Romanos 8:38-39) “Cuando el pecador, penitente, contrito delante de Dios, comprende el sacrificio de Cristo en su favor y acepta este sacrificio como su única esperanza en esta vida y en la vida futura, sus pecados son perdonados. Esto es justificación por la fe. Cada alma creyente debe conformar enteramente su voluntad a la voluntad de Dios y mantenerse en un estado de arrepentimiento y contrición, ejerciendo fe en los méritos expiatorios del Redentor y avanzando de fortaleza en fortaleza, de gloria en gloria. El perdón y la justificación son una y la misma cosa.” (EGW, Fe y obras, p.107)
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