Los feminismos han sacado de debajo de la cama el deseo de los cuerpos, el deseo de los cuerpos que no giran en torno al faloncentrismo, quiero decir. Por eso, últimamente hablamos más de nuestras fantasías con nuestras amigas, o no tenemos temor a expresarnos con claridad cuando le decimos al otro cuerpo, o a los otros cuerpos, que comparten nuestro sofá o cama qué queremos, y cómo lo queremos. Qué importante me parece estar en este punto en el que todo empieza a ser luminoso y el polvo se va marchando por esa ventana abierta.
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Las fantasías, mientras no le hagan daño a nadie, y queden en la esfera privada de los cuerpos que deciden unirse con consentimiento, son maravillosas. La libertad de hacer y decir todo aquello que guardamos, y en muchos casos reprimimos, es incluso sanadora. ¿Qué tiene de malo fantasear? Ya os lo digo, nada. Y en muchos casos nos harán sentir culpables por ser mujeres y tener fantasías, porque es lo que lleva haciendo la sociedad patriarcal décadas. Lo bueno, es que hemos empezado a ensordecer esas voces inconexas y masculinas que hay en nuestra cabeza, y priorizamos el hacernos caso a nosotras mismas, muchas veces apoyadas por amigas con las que tenemos la confianza de contarles lo que sentimos y como nos sentimos.
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En (h)amor5 húmedo nos reunimos con desconocidas, pero que en realidad son amigas, que nos cuentan sus fantasías o experiencias. Cuerpos que se vuelven vulnerables, sin miedo a nada, y escriben para llegar a nosotras. Para liberarnos. Relatos de cuerpos que se acercan, se fusionan y liberan con consentimiento, sin ese dichoso romanticismo impuesto sobre los cuerpos femeninos.
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(h)amor5 húmedo es el libro de relatos sobre lo erótico que todas nos merecemos