Hacía días que me decía que tenía que encontrar un libro de esos, tan especiales, que desde que lo empiezas te abstraes del mundo, y lo único que sabes y puedes hacer es leer. Encontrar un libro que cumpla este deseo siempre me resulta algo así como mágico. Y llegó Eva con sus años oscuros, y ya solo fui una pobre humana sentada en el sofá en pijama, con una manta, la calefacción a tope y mi gata. Creo que solo me levanté en un par de ocasiones para hacerme una infusión, el resto del día lo pasé sumergida en “Los años oscuros”.
No dejo de preguntarme por qué engancha. Quizá por la narración que es en primera persona y a veces parece un diario íntimo expuesto al público. Quizá porque la protagonista no tiene nombre y podríamos ser cualquiera de nosotras. Quizá porque por fin leo un libro compuesto por mujeres lesbianas sin que esto signifique que la trama gire entorno a esto, sin dramas, solo mujeres no heterosexuales teniendo una vida normal. O quizá, me dije al final, sea por la angustia de la pérdida del padre, inexorable e irremediable desde la primera página.
«En nuestra casa nunca se ponía riendas al llanto. Al contrario, nos decíamos: “Llora todo lo que sea necesario”. Nos animábamos mutuamente a sacar lo que fuese que hubiera dentro y, si tenía que ser por los ojos, pues perfecto. Una vez descubres lo balsámico del llanto dejas de tener miedo a llorar. Se convierte en un ejercicio de limpieza. El llanto calma, adormece, calienta. Es un buen caldo. Bien sabroso y curativo.»
La protagonista sin nombre es una mujer ácida e inteligente, traductora literaria y escritora, que vive en Madrid. Y esto es algo que agradezco profundamente ya que esta situación me ha regalado, sí, regalado, un capítulo bellísimo sobre la Biblioteca Nacional que leería una y mil veces. Eva es poeta, y eso es algo que se nota desde la primera frase del libro. Cada capítulo es sonoro, delicado, singular. Cada capítulo tiene una magia especial que hace que podamos vivir en primera persona cada una de las experiencias que se narran en la obra. Además, hay perlas salpicadas por cada página. Reflexiones sobre las relaciones humanas, ahora ya tan alejadas las unas de las otras por una pantalla táctil, sobre la memoria, los espacios, la familia o los cuidados que siempre recaen en la mujer. Reflexiones que a veces me han sacado una sonrisa por ácidas, o me han sacado los colores por el atrevimiento de contar algo en lo que todas nos podemos ver reflejadas, pero de lo que no alardearíamos.
“Los años oscuros” es un libro que recomiendo mucho, porque si algo sé con certeza, es que no sales de él igual que entras.