Seguro que todos, en algún momento, hemos soñado con tener una máquina del tiempo para viajar a otros siglos y conocer cómo vivían los allí presentes. Pues bien, esta novela pertenece a ese puñado de libros que se clasifican como "preciosos", por cómo están escritos y, sobre todo, por cómo te llevan de la mano a otras épocas. Porque si algo caracteriza esta novela es el poder de recreación que tiene sobre la Granada del siglo XVII, y sobre dos hechos transcendentales: el "descubrimiento" de los libros plúmbeos y la expulsión de los moriscos. El libro en sí es pura magia. Hasta puedes oler las especias que se vendían en nuestras calles. De verdad. Se te queda en el corazón de por vida.
La obra narra la vida de Alonso, hijo de un mercader italiano, en la Granada de una época excitante, llena de intrigas políticas y de estrategias para evitar lo inevitable: la expulsión de una población que debió renunciar a sus creencias para poder seguir viviendo en su ciudad.
Por desgracia para todos, su autor Felipe Romero (1929-1998), murió de un ataque fulminante al corazón, dejando inconclusa su siguiente obra, "El mar de bronce". Abogado laboralista, escribió su segundo hijo del mercader de sedas estando ya jubilado. Quería transmitir su sensación de que, con la expulsión morisca, en Granada "sus campos quedarían abandonados, sus ganados sin pastores, las fraguas sin herreros, sin posibilidad de construir nuevas iglesias por la carencia de alarifes, las maderas se pudrirían en los cobertizos al no haber quien las tallase, las huertas de la Vega sin buenos hortelanos que sepan llevar el agua por acequias y atarjeas, y los tejedores, los tintorero, los tundidores, expulsados de la ciudad de la que ya no habría ni lana ni seda". Estaba convencido de que la coexistencia de las tres culturas otorgó una riqueza a la ciudad que se perdió para siempre. Concluyendo: es de esos libros que leería mil veces.
“El segundo hijo del mercader de sedas”, por Felipe Romero.
Llevaba tiempo queriendo leer esta novela, de las que tantas veces había oído hablar. Tres días de gripe han tenido como resultado que por fin la haya terminado.
Con ella he podido adentrarme de lleno en una época muy concreta de Granada, el siglo XVII, con los descubrimientos y cambios que sufrió. Sin duda, lo más interesante para mí ha sido conocer la curiosa historia de los libros plúmbeos, y su importancia en el desarrollo del Sacromonte. Por lo demás, la novela es un relato magnífico que te muestra la vida y costumbres de una Granada cambiante, que empieza viviendo un momento de esplendor y termina con su etapa más decadente. Aunque no puedo negar que ha habido algún momento en que necesitaba de algo más de acción, considero que es muy recomendable para los amantes de la novela histórica, en general, y de Granada, en particular.
Por último, y como no podía ser de otra forma en mi caso, ¡qué inspirador ha sido leerlo! ¡Y cuántas ganas me han dado de retomar la escritura y continuar con ese universo que supone “La luz de Granada”!
Una historia ambietada a finales de 1500, donde lo moricos, cristianos, conversos, clero son piezas fundamentales de una Granada multicultural, represiva por la inquisición y lleno de personajes interesantes y verídicos que te hacen reflexionar mucho de lo que se pudo vivir en esa época convulsa de Granada. Un libro muy recomendable.
Esta novela histórica, la primera de dos por el abogado laborista Felipe Romero, te lleva por todas las calles, plazas y cerros notables de Granada de principios del s. XVII. Fue cuando finalmente expulsaron a los moros ya vencidos hacía unsiglo, hecho que (según esta narrativa) sumió la otrora espléndida ciudad en la miseria. Como dice el mercader de sedas a su segundo hijo en víspera de la expulsión,
« … sin ellos a esta ciudad se la comería la miseria y que su ruina duraría por siglos. Sus campos quedarían abandonados, sus ganados sin pastores, las fraguas sin herreros, sin posibilidad de construir nuevas iglesias por la carencia de alarifes, las maderas se pudrirían en los cobertizos al no haber quien las tallase, las huertas de la Vega sin buenos hortelanos que sepan llevar el agua por acequias y atarjeas, y los tejedores, los tintoreros, los tundidores, expulsados de la ciudad en la que ya no habría ni lana ni seda. »
Para animar esta nostalgia por la ciudad que era, Romero ha inventado un cronista que une en su sangre las grandes corrientes históricas: "Soy el segundo hijo del mercader de sedas Esteban Lomellino; mi nombre es Alonso de Granada... y descendiente, por mi madre, de la princesa Cetimeriem y de Yahya al Nayyar, hermano del que fue rey y señor de la Alhambra Muley-Hacen…"
Alonso de Granada Lomellino, estudiando para sacerdote (porque su padre quiere que llegue a ser obispo, o por lo menos, santo), se hace discípulo de otro Alonso, el viejo médico y traductor de árabe, hebreo y latín, que ha impresionado sobradamente al arzobispo de Granada con sus traducciónes de antiguos libros de plomo, escritos en árabe y contando la vida y milagros de san Cecilio, un compañero de Cristo que llegó a ser martirizado en Granada. Al joven le enseña leer árabe, y más importante, la tolerancia por todas las religiones que, según él, adoran al mismo dios.
Pero este Alonso es en realidad un moro que no ha abjurado el Islam, sino a contrario, ha fabricado y colocado los falsos textos de plomo para convencer a los cristianos a seguir los mandamientos del Corán, como si el supuesto Cecilio (otro invento del viejo traductor) hubiera anticipado por seis siglos lo que escribiría Mohama (lavarse 5 veces al día y rezar mirando a Meca, etc). Pero se descubre el fraude y entonces la Iglesia y la Corona deciden expulsar hasta el último moro. El joven Alonso, ya canónigo, pierde a su querido maestro y el primer amor de su vida, cuando el viejo Alonso es degollado por su audacia. Ahora el segundo hijo del poderosísimo y riquísimo mercader de sedas desafía a su padre por primera vez en su vida, y rehusa acompañarlo a Italia. Prefiere permanecer en su querida pero muy castigada Granada, como simple fraile -- y su extraña decisión (renunciando las riquezas y poder eclesiásticos que su padre le había arreglado en Italia) combinado con sus nobles orígenes, hacen que tanto los aristócratas como el populacho lo tomen por santo, esperando que haga milagros.
Además de su amor platónico por el viejo falsificador de libros de plomo, el futuro santo Alonso del Amor de Dios tiene dos amores carnales en su larga vida: la primera con una morisca de 13 años (afortunadamente, no le deja descendencia) y, años más tarde, un joven y guapo novicio, Alberto. Pero aparte de eso, pasa casi toda su vida entre un estupor religioso y la hipnótica observación de su paisaje. Es uno de esos libros que habrán sido mucho más apasionantes escribir que leer.
Another wonderful book that takes place in medieval Granada that tells the story of a boy who was born amongst the riches of a Noble merchant family but is fascinated by the natural world and eventually choses a quite meditative life which he lives out in one of my favourite gardens in granada.