Una joven periodista decide viajar a la casa de sus padres, en Machalí, para desintoxicarse de la adicción a las drogas y el alcohol, haciendo detox, dejándose santiguar por Parguita (un viejo sanador del pueblo) y escribiendo una libreta donde anota reflexiones y posibilidades para salir de esas adicciones. Un viaje donde la protagonista termina revisando las relaciones afectivas que ha tenido hasta ese momento, esto de forma crítica y a la vez bastante dolorosa, llegando a algunas conclusiones en relación a esos afectos y los límites de su cuerpo. Una novela que establece un diálogo directo con autoras, como Kathy Acker, Lesley Arfin y Amelie Nothomb, donde la autodestrucción y las preguntas que nacen de ello, configuran un sujeto más consciente de su vida y de las historias que comparte con otras mujeres.
Una novela de excesos, de autodestrucción, de obsesiones, de querer sentir tanto o nada la vida. La protagonista o está consumiendo eme, éxtasis, ketamina, cocaina y copete (todo al mismo tiempo) o está en un detox despertándose temprano para ir al gimnasio. No hay momentos intermedios. La historia en cualquiera de sus polos, está atravesada por aquellas emociones que aquejan a toda nuestra generación, especialmente la ansiedad. Amé las referencias literarias, la conversación que va armando con Sontag, Dickinson y Murakami. “Acaso todos se pusieron de acuerdo para no salir a matarme. Estoy tranquila. Pero a veces de verdad me gustaría morir.” “¿Por qué alguien querría ir a China cuando existe Rancagua?”
Me gustó en general la prosa de Carla, los pasajes de reflexiones sobre la maternidad o conducir y querer morir. Me pasó, eso sí, que a veces sentí que era reiterativa en las ideas (muchas frases que se repiten a lo largo del libro). En algunos casos funciona, como la idea de la "sensación horrible", porque le da un hilo conductor; pero en otros casos como los "no sentía nada" una y otra vez en un párrafo se me hacía pesado. Me hubiera gustado leer una historia, este libro es más una voz que narra su existencia en distintos momentos: fiesta, enfermedad, enamoramiento. Es un conjunto, pero no una historia en su sentido más clásico. Buen recurso el de los diálogos chat. Quedé con ganas de probar la ketamina.
De los años que conozco a Carla siempre le he hecho notar que puede estar enojada, llorando de pena o llorando de felicidad, y su tono de voz siempre es el mismo. En la novela la protagonista asiste al fonoaudiólogo por razones similares, y algo de verdad tiene que le terminen diciendo que puede tener más que ver con sus problemas emocionales que con una patología real.
El tono con que se narra Vacío Temporal me resulta análogo a esta situación. La protagonista puede contar que tuvo un apacible día en la playa o que está cometiendo el peor acto de autodestrucción y el tono es siempre el mismo, sin hacer apreciaciones emocionales o moralizantes sobre lo que ocurre. Y así, ella va al gym, se acuesta con un montón de hombres, se droga con keta, al día siguiente hace dieta e intenta acercarse a su propia versión del budismo zen. Todo es un exceso, sin términos medios, y siempre con ese tono que es, para mí, una desprejuiciada forma de ver la vida y que alejan a Vacío temporal de lo que pudo haber sido una novela más sobre drogas, carrete y mujeres que sufren por los hombres equivocados. Quizás la protagonista siempre fue zen pero nunca lo supo.
Sentí que estaba conversando con una amiga todo el tiempo que me demoré en leer el libro (día y medio). El guiño a la normalidad juvenil y a las dinámicas entre las relaciones actuales te hacen sentir una cercanía con la narradora.
3.5 Una buena manera de relatar las relaciones afectivas de esta época y ver, en la protagonista, reflejados a todos/as aquellos que se quedan (o quedamos) atrapados en ese círculo vicioso de toxicidad. Interesante lectura, ligera y para una tarde relajada.
3.5 quizás 4... no sé, al final sentí que no cerraba. Todo el resto del libro me gustó. La forma en la que Carla escribe la sentí muy cercana, entretiene. El libro lo sentí honesto, real... de lo cotidiano y especialmente esto último me agradó mucho. Juventud, energía, intensidad. Que bonita y sufrida época. (Por la reseña, pensé que iba a hablar más de la desintoxicación... tema que casi no toca)
Una novela de excesos y de sitios comunes de una persona santiaguina queriéndo perderse en la lúgubre noche de Santiago. Rápido de leer, pero no logra cautivar desde el sentir de la protagonista.
VACIO TEMPORAL es el primer libro de Carla Vargas y para ser un primer libro es bastante bueno. Entre los excesos, las obsesiones y los amores intensos pero fugaces que fácil llegan, pero que cuando no se quedan dejan un vacío que es difícil de volver a llenar es lo que nos abre un atisbo a nuestra protagonista. Escrito como una serie de relatos que bien podrían ser las entradas de un blog, nos vamos adentrando en las vivencias de esta protagonista sin nombre, que para desintoxicarse (interna y externamente) decide volver al hogar familiar en Machalí a reflexionar sobre sus afectos y la falta de límites en su vida y sus relaciones. Es un libro corto que se lee de un tirón, sin grandes pretensiones que no trata de enseñar nada, solo mostrar una realidad de excesos y carencias emocionales de los cuales cuesta mucho salir. Recomendado para adolescentes en adelante y si les gustan las voces nuevas!
Me dolió hacerle dobleces a las páginas porque una gran amiga me lo regaló con una dedicatoria preciosa y con la más pura de las intenciones, así que para mí se transformó en una joyita.
Ya adentrándome en la lectura, me encontré con una novela perfecta para leer con el corazón recién roto: 1) Habla sobre sexo, drogas, desamor y citas de Tinder, 2) no es demasiado complicada como para sentirse estúpido si es que no se le entiende a la primera, 3) no es lo demasiado sencilla como para sentirse ridículo leyendo algo muy incoloro y 4) funciona a través de retazos, fragmentos e imágenes al igual que la comunicación con el corazón (y como un caleidoscopio). En otras palabras: es una lectura reconfortante y bonita.
Es un libro en el que se pueden ver reflejados muchos aspectos de los excesos de la juventud, alcohol, drogas, sexo, etc., contados de una forma muy interesante. Me gusta la forma en que la protagonista pasa de un abstinencia total al desenfreno sin puntos intermedios. Disfruté mucho la lectura, en momentos sentí que hablaba con una amiga sobre nuestras vivencias.
Perdón por esperar más de un libro que en su contratapa apunta a una revisión "crítica" de las relaciones interpersonales de una protagonista que se va a Rancagua para un detox de las drogas.
Esperaba más porque quería creer que esa reflexión y autoexilio de la vida santiaguina tendría una profundidad coherente al móvil de la protagonista. Pero lamentablemente me encontré con una colección de escenas que pudieron tener menos espacio para así dejar más páginas hacia "adentro" de la protagonista. Por lo tanto, conectar con ella es sumamente difícil. Casi imposible. Y lo lamento por eso.
El final parece un intento poco logrado por cerrar la historia... porque pone un punto final en algún lugar, pero no termina de cuajar. Quedan preguntas en el aire, pero no parecen un inserto agudo de la narración, sino que queda la sensación de que alguien olvidó simplemente responder esas dudas.
me gusto mucho como habla de las referencias, ese momento publico de solo nombrar artistas, música, peliculas,etc. en una conversacion ligera donde aparecen los elementos que llaman nuestra atención y como relacionan entre ellos, lo que deja en evidencia una escucha activa y deseo de registrar, mientras paralelamente nos hace interactuar con un cuerpo acumulando imagenes de carretes, lugares, el cuerpo cortado, y el alcohol con su euforia. algo parecido me paso con la descripción de scrollear viendo historias en forma de imagenes. "una foto de Rosalía usando un jockey rojo una selfie video usando un filtro de pecas.. una foto de un amigo en Valpo una foto de la playa.. otro gato.. una funa"
me sentí muy identificada en algunos momentos, me hizo sentir horrible por lo mismo, pero me gustó. la última pág, con ese toque de ironía, le dio un buen cierre 4.5 / 5
Escribe como si estuviera contándome esto con una cerveza en la mano media encañá. Me encantó su honestidad, su humor, su manera tan real de hablar de su vida, de sus amigos, del amor fallido texteado. Retracta bacán la generacion chilena dosmilera siento yo :)