El protagonista de la novela, Josef K., es un individuo bien situado socialmente, que tiene la difícil (y casi imposible) tarea de enfrentarse al tribunal, que le acusa de algo que desconoce. Bajo esta premisa, Kafka tensa los hilos de, su particular escritura para tejer una atmósfera agobiante y extraña que acompaña, intensamente al lector de principio a fin.
Aunque escrita de forma sublime, la novela parece estar hecha de forma algo improvisada, ya que contiene pequeños errores en nombres, lugares y horas. También da la sensación de no haber sido escrita toda de una vez, porque los capítulos se suceden sin ninguna relación aparente entre ellos. Sin embargo, todos estos fallos son comprensibles, cuando se sabe que Kafla no revisó el manuscrito, puesto que no tenía intención de publicarlo.
En suma, el proceso es una novela magnífica; crítica feroz a la burocracia y, en especial, al sistema jurídico, que gracias a su lentitud e inevitables fallos, desestructura la justicia, la retuerce y manipula, para reconstruirla como una máquina de injusticia. Lo más admirable, es el hecho de que, Kafka arremete contra un sistema intemporal y universal, por lo que critica en esta novela, está tan vigente ahora como cuando la escribió.