Como el carro de Tespis, la Escuela del dolor humano surgio de un personaje Lin Pao, autor de obras teatrales e inventor -trescientos anos antes de los daguerrotipos- de un juego de espejos capaz de fijar la imagen, como en una fotografia. Para fijar el momento se elige el instante, mudo y preciso, del dolor; cada imagen se desarrolla en una obrilla teatral que busca dar sentido a una opresion constante. Cuando el Estado vuelve irrespirable el ambiente, los individuos enmudecidos por la historia se las ingenian para dar cabida a formas populares y espontaneas de la catarsis. Surgen escuelas populares que mezclan imagenes clasicas con acontecimientos actuales, sin distincion de epoca ni nocion historica la crueldad en la plaza publica de la China imperial se transforma en un equipo invencible de voleibol; la prohibicion reciente de tener mas de dos hijos halla su transfiguracion en una luminosa parvada de hombres pajaro; una mujer desnuda bajo cuya responsabilidad queda el destino de los infantes; la luz que surge de los pies del padre y los aparatos ortopedicos cuando adquieren la seductora belleza del maquillaje para el embellecimiento del hijo y, en resumen, la noticia de que, como dijo Lin Pao, el dolor es un instante; su permanencia, una representacion.
Mario Bellatin grew up in Peru as the son of Peruvian parents. He spent two years studying theology at the seminary Santo Toribio de Mogrovejo and graduated from the University of Lima. In 1987, Bellatin moved to Cuba, where he studied screenplay writing at the International Film School Latinoamericana. On his return to Mexico in 1995, he became the director of the Department of Literature and Humanities at the University of the Cloister of Sor Juana and became a member of the National System of Creators of Mexico from 1999 to 2005. He is currently the director of the School of Writers Dynamics in Mexico City.
Este libro es una locura de un genio. Los textos son indescriptibles en su tipo. Mario Bellatin crea tres relatos paralelos entre el título, la forma en que debemos leerlo y el relato en sí. A su vez, la sucesión de textos va creando una historia, un panorama, un mundo que se desenvuelve de manera magistral. Las imágenes complementarias de los relatos son un detalle más que agregan una mayor comprensión de la historia que nos está contando Bellatin. De hecho, para mi que viví casi un año en China este libro me atrajo por su título y me retuvo por su veracidad. Excelente, no hay que dejar escapar de tus manos una copia del mismo.
Está conformado por viñetas crueles que giran en torno a dramas estáticos. En una segunda lectura logré atar muchos cabos sueltos y unir los fragmentos hasta encontrar la temida catarsis (operación que el autor recomienda ante la posible representación de la obra). Tiene un estilo narrativo sucinto pero fragmentado que conduce a la reconstrucción del rompecabezas para dar forma a la idea general del dolor humano acaecido en la región. Por momentos inasimilable pero con paciencia y método logra conformar una historia de personajes con cierto sentido de unidad.
A Bellatín lo amas o lo odias, así de sencillo. Conozco personas que no lo soportan, no pueden con él. Tampoco es fácil leerlo, digo, no es Joyce o Pynchon, pero la complejidad en él no radica en una prosa enrarecida o en un aluvión de páginas delirantes. Su escritura es dinámica, involucra al lector como pocos autores lo hacen. En muchos de sus textos no sabes si lo disfrutas, son de efecto retardado. Aquí, Bellatin juega con una ambigüedad que abarca hasta a los mismos personajes. En lo personal, me gustó, lo suficiente para volver a leerlo después. Como se hace con un álbum: vuelves a él para confirmar si la primera impresión fue correcta o hubo algo que la alteró.