Colombia es un país que le ha dado un extraño fetiche a la profesión docente. A veces la ensalza y otras la mira por encima del hombro.
El primer libro de divulgación de Sandra Borda, Por que somos tan parroquiales, es una clase abierta muy ilustrativa sobre la historia de la política exterior colombiana. Parar para avanzar, es una explicación del movimiento estudiantil que magnificó las protestas de finales de noviembre en el país. Borda explica claramente como el movimiento es, hasta cierto punto, reflejo de las contradicciones de los movimientos políticos progresistas en Colombia y no es descabellado concluir que los problemas que ha tenido este son iguales a los que han tenido los movimientos políticos en proveer candidatos viables al proyecto Uribista.
Sin embargo, la idea más poderosa del libro tiene que ver con la deuda que la sociedad civil tiene con la actual encarnación del movimiento estudiantil en Colombia. Borda señala, con razón, que los muchachos que salieron a la calle en 2018 y 2019 y que en algunos casos han sido asesinados por el estado que debiera protegerlos, han despertado en el país una aceptación creciente a la movilización social que ojalá no desaparezca y como las reivindicaciones que buscan los estudiantes son cruciales para garantizar la igualdad de oportunidades en Colombia.