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379 pages, Kindle Edition
Published August 2, 2020
El ánimo de Lorena también había mejorado. La buena compañía era el mejor remedio para un desengaño amoroso.
Nacho apartó la vista, molesto. Recordaba la suave sonrisa con que Lorena había acogido sus confidencias en Logroño. El brillo de sus ojos color chocolate cuando se miraron en silencio sobre el juego de la oca. ¿De verdad estaba enamorada? Si solo fueron unos pocos días de flirteo…O peor aún (alerta de arcada):
Lorena era joven, dulce y complaciente. Su timidez resultaba adorable. Le apetecía acariciarla con ternura; y también enseñarle una a una las letras de la pasión. Apretó el paso hasta Portomarín y, cuando todos se levantaron de la mesa, en un impulso, la cogió de la muñeca. «Nosotros nos quedamos aquí»
[...] este convento era muy milagrero con las enfermedades.—Solo con una—intervino el hospitalero—: la fiebre de San Antonio. Les contó que era una dolencia muy común en la Edad Media, que causaba gangrena en pies y manos. Los peregrinos emprendían el Camino para suplicar a Dios por su curación y, al detenerse allí, se recuperaban de forma prodigiosa. En realidad, el único milagro era la alimentación. La fiebre de San Antonio la causaba el cornezuelo, un hongo del pan de centeno, y el cambio al trigo candeal de Castilla les hacía mejorar. Así, el paso del peregrino por el granero de España en busca de un remedio divino para su mal le devolvía la salud mucho antes de llegar a su destino.