El narrador de La soledad de las vocales vive en la pensión Lausana, un tugurio repleto de seres marginados y sin esperanza. Allí viven un tapicero serbio, una exnadadora, un par de homosexuales, un pintor y un escritor discípulo de Joyce que intenta escribir una novela titulada La memoria del olvido y comparte su habitación con el fantasma de una joven que se suicidó en el mismo cuartucho que él ocupa. Dejando de lado sus circunstancias personales, todos ellos son individuos derrotados y condenados a la soledad, habitantes de la noche. El narrador, por ejemplo, se presenta como un borracho y casi mendigo, un desocupado aficionado al alcohol, un enfermo de soledad cuyas manos sienten nostalgia de cuando eran útiles y que pasa el tiempo bebiendo o leyendo algunos de los libros que le presta el escritor de la habitación de al lado. No sabemos casi nada del pasado de este personaje, solo sabemos que heredó de su madre los ojos tristes, que sueña con cuerpos de nadadoras olímpicas; sabemos que tiene una obsesión por las nadadoras olímpicas, sabemos que las adora y que cruzan por su mente con insistencia, también sabemos que nada importante había sucedido en su vida, que la gastó esperando a mujeres que no llegaron nunca; sabemos que se declara antipatriota y que su patria es el alcohol y el lugar en que bebe; sabemos que es un cristo oxidado que vago por pensiones, andenes, bares, puentes, parques y de todas partes fue expulsado; sabemos que sueña con viajar a París y desea que sus cenizas sean esparcidas por un fiordo noruego; sabemos que huele a viejo y que, por encima de todo, trata de destruir la memoria, de no dejar rastro de su paso por la tierra. Solo aspira al olvido, a no dejar huella en memoria alguna, ni siquiera en la memoria del olvido, porque el olvido es la última forma decente de inmortalidad.
José María Pérez Álvarez, Chesi (O Barco de Valdeorras, Ourense, Galiza, España, 1952), es un escritor gallego con la mayoría de sus obras escritas en castellano. Desconocido para el gran público y con reducida tirada en la edición de sus libros, la vida literaria de este funcionario de Hacienda sufre un cambio profundo cuando Juan Goytisolo, en la feria de libro de Madrid del año 2003, es preguntado por sus gustos literarios y da solo un título, «Nembrot», afirmación que ratifica en Times Literary Supplement.
Dirigió desde 1994 hasta 2004 un programa de divulgación literaria en la cadena radiofónica española SER, llamado «El libro de la semana», en el que analizaba obras de poesía, narrativa y teatro de autores de todo el mundo. Colaborador de la revista Jano y en tallerdeediciones.com, fue director de la colección «La Letrería» de la editorial Duen De Bux, desde el año 2007 hasta 2011. Ha obtenido los premios Mor de Fuentes, Hucha de Plata, Gabriel Miró, El Golpe, Ramón Sije, Felipe Trigo y el Constitución de novela larga. Aparece seleccionado en la antología «Afinidades electivas» (revista Letras libres, 2003), coordinada por Juan Goytisolo. Con la La soledad de las vocales ha obtenido el III Premio Bruguera de Novela. Asimismo, parte de su novela La soledad de las vocales, junto con las de otros autores españoles, ha sido traducida al francés por la Universidad de Lausana, a raíz de un congreso sobre «Nueva narrativa española» que tuvo lugar en Lausana, en mayo de 2011, dirigido por Goytisolo. También otras conocidas personalidades del mundo del cine, como el director José Luis Cuerda —quien le presentó en 2011 la pequeña novela satírica El Disfraz—, se fijaron en la literatura de Chesi.
José María Pérez Álvarez ha visto con sorpresa cómo el artículo «Las esquinas habitadas», publicado en Jano y en el portal Galipress.com, ha sido plagiado por uno de los grandes, Alfredo Bryce Echenique (Premio Planeta 2002), el 12 de noviembre de 2006, en El Correo de Lima, bajo el título «La tierra prometida». A pesar de los «mil millones de disculpas» que ha realizado el «planetario», y que atribuye a confabulaciones para acabar con su carrera, lo cierto es que a nadie se le escapan las «traiciones» que últimamente le juega la informática a Echenique, y que le han valido algunas querellas al respecto.
Actualmente, colabora en el periódico El Faro de Vigo.
De escasa proyección en los circuitos gallegos, donde su obra se ha visto relegada por estar escrita en castellano, Chesi reconoce que este hecho le ha apartado de la crítica literaria que se realiza en Galiza, donde resulta de más fácil acceso el gallego a la hora de editar, pero cree que actualmente esa dicotomía entre las obras escritas en gallego y en castellano por autores nacidos en Galiza está ya muy al margen de lo que es hecho literario en sí: «Cada cual elige el idioma que desea, sin más», afirma.
La actividad literaria de José María Pérez Álvarez es, con todo, prolífica. Junto a sus novelas y cuentos publicados, aparecen obras suyas en gallego en distintas revistas (Animal y Trebo), y un relato, «Sempre abril e domingo», en la antología Narradores de cine (Ed. Xerais). También una novela corta, Notas necrolóxicas, en el libro antológico Palabras da montaña. En El Faro de Vigo publica últimamente artículos, y además colaboró en catálogos de pintores, escultores y fotógrafos, como X. Cuíñas, Lazcano, Terrachán, Acisclo Manzano, Alexandro, Virxilio, Buciños y Mani Moretón.
A principios de 2012, Juan Goytisolo, uno de los diez autores elegidos para componer el comité de la Finnegan's List, propuso, junto a otras dos obras, La soledad de las vocales.
En octubre de 2014 publica su última novela, Examen final con la editorial Trifolium, que nuevamente recibió los elogios de Juan Goytisolo en el suplemento «Babelia» de El País.
"...radinovic y yo chocamos las copas, dice que a su edad uno contempla a las mujeres sin deseo, como se contempla el mar o se ven pasar las nubes en el cielo o los trenes fugitivos por las estaciones, eso sí que es triste, más triste que esperarlas en los bares aunque no vengan nunca..." José María Pérez Álvarez
Compré este libraco por treinta pesos en la comercial mexicana. Parece una ganga, uno de esos probables descubrimientos por los cuales un lector podría sentirse satisfecho: el título, el premio. Al empezar a leerlo, creí que se trataba de un juego de varias voces (al estilo de Lobo Antunes), aunque en realidad es una. (O quizás el escritor de la seis está metiendo mano en ciertos momentos que se perciben en el estilo. O simplemente son las vociferaciones de un borracho. A saber). Es una novela de un hombre en sus últimas, un hombre decadente que siempre está esperando a las mujeres, y esa espera se ve mezclada, influenciada o tejida con los momentos de otros personajes.
Lo que me hizo ruido, quizás, es que percibí aquella decadencia como algo artificial, falso, demasiado controlado. La repetición del discurso como una manera de convencerse de la ruina.
Por otra parte, a pesar de que el discurso es circular y obsesivo, la narración es fluida. Eso me agradó, me hizo sonreír, como si hubiera presenciado un truco que no hubiera entendido del todo. Aún cuando el narrador no facilita creer su vida triste, es posible navegar en ella y llegar hasta el final de la historia, tomarse el último vaso de whisky, pagar la bebida e irse.
Segunda novela que leo de este gran autor. Durante toda la obra he ido viendo un cuadro de Hopper: personajes solitarios, perdedores, desesperanzados. A lo largo de la obra se aprecian sus recuerdos y deseos, siempre marcados por la soledad. Literatura de altura, exigente. Formalmente me recuerda a Joyce y algo a Saramago. Excelente.
Compré este libro en un remate hace unos años. Desconocía por completo a su autor pero desde la primera página se encarga de presentarnos su estilo. Sabes que sus personajes no irán a ningún lado y, sin embargo, van a donde ellos quieren confinados en 4 paredes. Tiene citas muy poderosas. Lo recomiendo.
3/5 Tal vez mis expectativas para este libro eran de adiado altas. Nunca había leído un libro como este y al principio le pareció muy confuso. La historia me parecía un tanto repetitiva y carente de sentido. Sentí que no avanzaba y al final no me pareció que me hubiese aportado algo como lectora
Tiene un buen comienzo, a mitad del libro se siente el abuso de la repetición y se torna en un remolino constante para llevarnos a la cabeza de un anti-héroe, un borracho solitario donde una redacción rítmica revela sus pensamientos y sus platicas con fantasmas, su obsesión con las nadadoras olímpicas, con sus cenizas y con el whisky barato.
José María Pérez Alvarez (1952), gallego de nacimiento, no solo es un prolífico autor de novelas y cuentos sino también maestro de talleres en la web y crítico de radio de obras literarias internacionales. Su libro “La soledad de las vocales” es el monólogo de un alcohólico que relata de manera reiterativa aspectos de su vida a la que no le encuentra ningún sentido y en la que es evidente la evolución de su enfermedad. A pesar de lo fuerte del tema, lo disfrutable de leer este título es la habilidad del autor de entrelazar los pensamientos recurrentes de un borracho y descubrir cómo las reflexiones obsesivas son presentadas sin ningún cuidado tipográfico en un texto encabalgado por comas que más que ser un anacoluto se convierte en un estilo literario que caracteriza su discurso. La lectura logra sumergir al lector dentro de la mente de un alcohólico hasta el punto de producirle sentimientos de hastío, ansiedad y desasosiego.