Un buen libro que hace reflexionar en la manera en que se debe formar personas. No se trata de crear robots, capaces se repetir un acto automáticamente; se trata más bien de ayudar a una persona a amar el bien, y vivir según ese bien descubierto. Al final, la formación no se resume en dar datos, sino en enseñar a las personas a tomar decisiones propias, configurándose cada vez más en otro Cristo. No de manera ciega, sino haciendo uso de la razón.