Bernard Thomas con "Lucio, el anarquista irreductible" saco del recuerdo, a uno de esos muchos emigrantes españoles en Francia, que de un modo u otro lucharon por sus ideas más allá de una España que los esperaba para encarcelarlos o liquidarlos.
Lucio Urtubia fue un tipo peculiar, un obrero anarquista que comienza su vida delictiva atracando bancos para ayudar a los exiliados, a las familias de los presos y a los obreros en general. Nunca se manchó las manos de sangre y nunca le gustaron las armas. De aquellos tiempos guarda el recuerdo del mítico Quico Sabaté, del que aprendió mucho para su futuro. En París, siendo un solador durante el día se convierte en falsificador por las noches, es decir deja los atracos para continuar la lucha de una manera menos violenta. En las revueltas de mayo del 68 conoce a su mujer Anne con la que tiene una hija, aunque no baja su ritmo de trabajo. Continúa su labor como falsificador de documentos y de cheques de viajes del City Bank, uno de los bancos más importantes del mundo y al que llega a poner al borde del abismo. De todo ello se habla en este libro, imprescindible para entender la figura de uno de los personajes más singulares de nuestro tiempo.