Plenitud La Cabellera El Cumpleaños de Vitalina El Incendio Canícula La Espera Argonautas Importante La Ventana Galatea 4 NB Galatea Una Visita El Entierro de Marisol Mire, Mamita Catador Ahora Seremos Felices El Hombre que Murió Frente al Mar Simplón
Buscando una palabra que me permita conectar los 18 cuentos que conforman esta antología (diversos entre sí pero, por supuesto, con ciertas similitudes), me decidí por "agresiva". Esta antología es agresiva. Y no porque tenga violencia (que, además, sí la hay), sino por el baldazo frío con que nos sorprende en cada giro. Las narraciones tocan diferentes temas, pero creo que principalmente por estas páginas predominan la muerte, la infidelidad y la locura como bases para movilizar las pasiones de los personajes. Las ambientaciones nos llevan a espacios pequeños, pueblos, habitaciones de hoteles, esquinas, pero que se hacen inmensos a los ojos de los protagonistas por la cantidad de cosas que suceden. Con un estilo psicológico y cargado de misterio, la autora nos va a presentar hombres y mujeres que tienen que enfrentarse a desilusiones amorosas, a asumir el paso del tiempo que convierte en fantasmas el recuerdo de aquellos que perdimos y que también nos cambia la juventud por arrugas (y qué peor forma de descubrir eso que encontrándonos con compañeros del colegio), a poner a prueba sus fuerzas físicas y sus templanzas emocionales cuando aflora el instinto de supervivencia. Ninguno de los 18 cuentos pasa sin dejar huella. Es cierto que alguno me requirió de mayor concentración para no perder el hilo, ya que la autora se vale de un excelente uso del absurdo y de la noción del laberinto para expresarse. Hubo al menos dos de los cuentos que me parecieron realmente excelentes y quedan entre mis lecturas favoritas. Si de algo estoy seguro, es de haber descubierto una pluma inigualable que me ofrece todo lo que busco en un buen libro: entretenimiento, pasión, reflexión y un nuevo punto de vista a la búsqueda incansable por explorar todas las dimensiones de nuestra propia humanidad.
"Pensó que si levantaba los brazos se desprendería del suelo. Alrededor dormían un sueño de gente sin importancia. Se palpó. Vivía. Porque el cuerpo cobra más volumen en la soledad abierta, se independiza en presencia concreta frente al espíritu que lo contempla, hinchazón de plenitud vital."