Los puntos buenos de éste libro, para mí, son muy personales, ya que este es de los primeros libros que recuerdo haber leído en toda mi vida.
La historia, siendo un libro dirigido para niños, es corta, sencilla de leer y aunque toca temas fuertes (como las maldiciones, los fantasmas, la muerte y la enfermedad), lo hace de forma tan bien hecha, que no es un libro que dé miedo.
Es fácil que el lector se identifique con Roberto, lo que nos facilita el poder sentir empatía hacia él. Yo a veces hasta siento que encontré mi propia Eulalia.
No le encuentro puntos malos para lo que es, un libro infantil, corto y autoconclusivo para comenzar a adentrarse en la lectura.