Hacía muchos años que nada había alterado la paz aldeana de Sinuapa, un poblado perdido en el occidente de Honduras. Fue el tiro que segó la vida del coronel Manuel Villela el que interrumpió. La tranquilidad en que se encontraban los vecinos aquella tarde lejana. La detonación se escuchó en las casas próximas al muerto y la infausta noticia corrio en minutos de boca en boca y se vio a dos hombres atravesar la pequeña plaza cargando una rústica caja fúnebre, hecha apresuradamente. En la casa del duelo, mujeres piadosas consolaban a la viuda mientras en la calle otras gentes hablaban del suceso.