Con su última novela, Papeles suizos, José Arenas ingresa en la tradición de escritores que ficcionalizan la memoria y el lugar de donde provienen. De ahí que el subtítulo del libro, novela histórica, se llene de posibilidades interpretativas, relativas al juego mixto de géneros, pero también a la lisa y llana ironía, pues la novela da cuenta de lo insignificante que resulta distinguir la invención de la verdad histórica. Cobra importancia, entonces, que el narrador relate los acontecimientos desde el manicomio, para darle al relato esa duplicidad, que abarca desde la denuncia de injusticias, dominada por una racionalidad taxonómica y ácida, hasta la locura aturdida de un yo que olvida y se justifica por las dosis de los psicofármacos.
José Arenas (1989) es escritor y tallerista. Ha ejercido el periodismo en medios como Infobae (Arg.), El País Cultural y Delicatessen.uy, y el portal Escaramuza. Como poeta escribió los libros Fueye Hembra, Sofía, el tango y otros desaciertos y Teoría de la milonga. En narrativa publicó las novelas Los rotos, Papeles suizos, Maricas muertas y La furia de los hombres, entre otras. Es letrista e investigador de tango desde hace más de diez años y su obra ha sido grabada por diversos artistas, entre los que se destacan los discos Melonio canta Arenas, de Estefanía Melonio, y Teoría de la milonga, de Jorge Portillo. Recibió diversos premios y menciones en el área de las letras. Nunca fue ni irá al Cabo Polonio.
Una historia contada por un narrador encerrado en un manicomio, sobre la vida en La Colonia Suiza, un lugar plagado de gente clasista, racista, casi que desalmada y carente de empatia alguna por una vida humana en la que perciban cualquier rasgo diferente al propio. Un cuento sobre el rechazo a lo diferente, a la soledad que genera. Un narrador con opiniones fuertes, con tono apasionado, sin pelos en la lengua, con mucho desprecio por dentro. Es chocante, cómico y a la vez triste de leer.
Tengo que reconocer que, a pesar de ser corto, es un libro que se disfruta de leer, con una presentación y calidad de presentación que sorprende. Lectura ágil y recomendada, para leer algo Uruguayo diferente y de cierta forma, igual muy típico, ya que nada dice más Uruguayo, que quejarnos de todo.
" Europa era un continente que se estaba armando de nuevo desde las ruinas. Por eso, tiraron lo que no servía para estos lados ". Reconozco que me cuesta escribir críticas o reseñas a libros, más allá de comentarios puntuales o cayendo en las mismas líneas de siempre. Sin embargo, Papeles Suizos me despertó reflexiones que por suerte están más allá de las crónicas habituales. Quizás sea porque fui varias veces a "la Colonia" que Arenas menciona, Colonia Suiza o Nueva Helvecia, ese punto en el mapa al Oeste y al Sur, pulcro, prístino. Parece que la sensación de los que somos foráneos a la ciudad, es la misma que varios locatarios de allí sienten, porque la prosa rica, cruda, e incluso dura de Arenas, ilustra las casas inmaculadas, los nombres alemanes exhibidos en las calles y los negocios, y las personas que apaciblemente caminan por las veredas. Pero más destacable aún, no son las descripciones en sí, sino esa "exclusividad" que a uno lo rodea cuando toma la ruta 53. Narra una ciudad de extranjeros que forjaron un pedazo de su patria en Uruguay, el rechazo por la patria que los recibió, y la nostalgia por aquella que los escupió. La diferenciación, la otredad como factor de orgullo de sus habitantes. Ese "por suerte somos esto y no aquello, y por ende, estamos orgullosos de ser esto", pero Arenas deja en claro que las secuelas del orgullo son la locura y la muerte, entre otros males más.
" Te voy a escribir, Gringa. Toda. Te voy a dibujar en mis papeles, así, llena de pastillas y lloviznas ". En términos más formales, los personajes principales son dos: el narrador y la Gringa. Ambos encerrados en un loquero. Ambos incomprendidos. Compañeros de infancia, de adolescencia, de historias, de locura, y de vida. La prosa descarnada de Arenas muestra cómo el único pecado de ambos fue nacer en una colonia de castos y padecer sus estragos. No solo ellos, quienes los acompañaron en sus andanzas por las calles limpias y adornadas de colores y escudos también sufrieron el pecado de haber nacido allí. La reputación y la pureza como emblemas familiares. El de afuera es negro, criollo, distinto. Para los (pseudo)suizos "Todo tiene que ver con la genética", porque para esas cabezas "Viva la independencia de un país que no somos ni conocemos".
" Parece que ese ratóntupamaroagresordelapatria le había gritado nazi a papá. Y cuando a mi padre le dicen la verdad se enoja ". Nosotros y ellos. Ellos son negros, criollos, "tupamaroshijosdep*", "comunistasdem*". Ser parte del grupo de ellos, de los distintos, en la prosa del narrador, merece la exposición, la expulsión, el rechazo. Porque en el faro de neutralidad diplomática que siempre ha sido el país, en ese rincón coloniense siempre han quedado los ideales del nazismo, y ser distinto equivale a llevar una etiqueta y figurar en una lista negra. Por judío, por comunista, o por tupa. Arenas construye, en su prosa, la idea de que en Nueva Helvecia o "la Colonia", existe un pedestal al que todos aquellos que no son helvéticos aspiran llegar. Los nuevos habitantes, los pobres de la periferia. Pasar de ser ellos, a ser nosotros. Por más que ser nosotros, también tiene sus consecuencias si no se siguen los lineamientos de enorgullecer al linaje.
" Un árbol de Navidad con escudos suizos, y en el medio, triunfal, el general Queso, allí, dominando su Suiza de mentira ". Con descripciones casi tangibles, Arenas le da voz al narrador de la obra, quien habla de los escudos que orgullosamente lucen las casas de la avenida principal sin un papel en el piso. Porque más allá del apellido y los rasgos físicos o genéticos, para estos (pseudo) suizos, el escudo parece hacer las veces de partida de nacimiento, cédula de identidad, o como se titula la obra de Gauguin "¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos?", pero parece que los que allí nacen van al cielo prematuramente por pecar de no hacerle honor al lugar de donde vienen. Y en estas tierras uruguayas dicen que la patria se hizo a caballo y de poncho, pero para los de ese lugar tan recóndito, la patria se recordó y se rehizo con el queso. ¿Qué saben estos uruguayos amargados, hijos de españoles, italianos, y mestizos?
Me gustaría cerrar con un pasaje que enmarca bastante claro lo que Arenas cuenta en poco más de 100 páginas sobre la realidad de una ciudad puertas adentro de las casitas tan pintorescas: " Una epidemia de ahorcados, de niños y adolescentes ahorcados. De gente bien ahorcada, de todos nosotros colgando de las ramas de un árbol gigante que era el cielo negro de la Colonia. Porque la tierra se enojó con los que la escupieron, con los que renegaron de la oscuridad del suelo, y soñaron con cosechar sobre polvo rubio de otro mundo, con gente mejor; así que se la agarró con los hijos de los hijos de los viejos que llegaron harapientos y pretenciosos a olvidarse de todo, podridos en los barcos ".
Segundo libro de pez en el hielo ediciones que leo. Quizás la única editorial independiente uruguaya que por el momento me llama la atención, y me deja bastante satisfecho. No se si es por la edición o por las cosas que proponen o por ambas cosas. Por ejemplo, no me pasa lo mismo con HUM que también me llama la atención pero igual tuve la mala suerte de escoger obras malas.
Este papeles suizos lo devoré en una tarde, es cortito pero bien intenso. Sobre la Colonia Suiza de Nueva Helvecia. Inquietante. Es un relato desde las tripas, moderno, directo, que provoca, que hace pensar, y por eso se lee tan bien. La prosa también es muy buena. Gran relato.
Segundo libro de Arenas que leo. El anterior, más ficcional, había sido Maricas muertas (al que, creo, finalmente prefiero sobre este). En este libro, el narrador va construyendo con un tono directo y cruel ─que responde a una libertad del decir de la que goza ahora en el manicomio como nunca en la ciudad─ una semblanza completa de Nueva Helvecia, a la que llama "La colonia" (sin dudas jugó con que para nosotros "la colonia" significa "loquero").
Son muchos los juegos y las nuevas propuestas. Todas se enmarcan en una gran voluntad rupturista que lleva adelante esta socarronamente llamada "Novela histórica". Podríamos destacar:
─ Hibridación de géneros, el libro no acaba de ser propiamente una novela clásica, ya que no sigue una línea temporal más o menos reconocible, ni los capítulos son medianamente parejos entre sí. Más bien, cada capítulo es una pieza de un puzzle, y el "hilo conductor" es una imagen completa ─según lo que entiende el protagonista por este término─ de Nueva Helvecia. La novela pretende que el lector complete ese puzzle al terminar de leer el libro.
─ La ruptura de la tradición honorable o heráldica. Si a lo largo de la historia fue una práctica demasiado común la de buscarse orígenes brillantes, la de rastrearse relaciones con personajes ilustres del pasado, la de construirse abolengos y ancestralidades (desde La Eneida para Augusto hasta el vínculo de Christopher Lee con Carlomagno), lo que hace esta novela es deliberadamente y con consciente saña mostrar a la luz, para que se quemen, las innumerables hipocresías que esto implica. Enumerar distintos ejemplos de cómo Arenas destruye la dignidad autoimpuesta de los habitantes de la Colonia sería inútil, y le sacaría gracia al libro, que además es breve. Para esto, solo hay que leerlo.
─ La desacralización. Hasta donde sé, nadie había venido todavía a hablarnos mal, dentro de la literatura, de nuestros ─también─ ilustres abolengos como uruguayos: Juana, Idea, Onetti... Aquí aparecen insultos directos, acusaciones deliberadamente ofensivas. Esto es nuevo. Yo no sé si lo nuevo es bueno. Y yo no sé si romper algo es, a esta altura, hacer algo. Sé que las Vanguardias ya rompieron todo lo que había, hace cien años (aunque, acá, casi ni llegaron). Tal vez la tarea de romper deba hacerse en cada época... Tal vez romper sea necesario siempre para que nos preguntemos y veamos qué había adentro de las estatuas... Sin dudas que, sea como sea, estos pasajes en los que habla de Juana y de Idea son los más llamativos del libro.
Algunos otros temas aparecen, pero podrían entrar dentro de estos tres grandes puntos. Hay también, ocasionalmente, algún manotazo poético... Y hay personajes que, aunque aparezcan poco, son memorables... La ahorcada, hermana de la Gringa, el niño pobre, negro y sucio que tiene el privilegio de asistir al colegio porque su madre trabaja ahí; el que es gay y tampoco tiene ─por supuesto─ un destino feliz...
Es una novela a leer. Es una voz, al menos, distinta; y es una voz de acá, y de hoy. Leerla y, cada uno, juzgar.
Hace unos días leí esta novela y me encantó, tiene unas imágenes tremendas, súper poéticas, y nada es forzado ni pretende ser una cosa que no es. Me molesta un poco que algunas personas opinen que le falta algo, o que esperaban más, etc etc; la novela es lo que es y está muy bien así. Es entendible que una quiera que un texto que le gusta tenga más páginas, pero los libros no pueden ser infinitos. Al terminar de leerla, me pasaron 2 cosas: entendí por que me deprime tanto (y también me da un poco de miedo) ir a Colonia y visitar la colonia suiza, y por otro lado me dieron ganas de conocer el monumento al queso del que habla el libro, ya que me parece tan absurdo que deseo verlo por mí misma para creer que existe. Si me preguntan, la recomiendo mucho.
Una novela corta contada por personaje ficticio desde un manicomio. Papeles suizos denuncia en su ficción el nazismo dentro de una colonia suiza en Uruguay, el clasismo y el hermetismo de dicha sociedad. Una novela provocadora.
Esta es una novela corta pero impactante sobre una colonia suiza en Uruguay que intenta imponer ideales ajenos tanto a la tierra como a su gente. A través de una narración cruda y una prosa excepcional, la obra explora el neocolonialismo y sus peligros a escala individual. Resulta una lectura dura y desafiante, pues utiliza frecuentemente un lenguaje luminoso y alegre para describir la brutalidad de un entorno marcado por la opresión y la discriminación. Es, en esencia, el retrato de la violencia camuflada bajo palabras hermosas.
El ambiente racista y represivo generado alrededor de un enclave de nazis suizos en Uruguay narrado crudamente a través de uno de sus descendientes y al mismo tiempo víctima. Retazos de historias que no necesitan decir más para hacernos ver las consecuencias letales de dejar germinar un núcleo podrido.
Una amiga de buen criterio me lo recomendó enfáticamente. Lamento que lo haya hecho. El libro promete, promete, promete y... termina. Es un autor que parece decirnos que es genial pero que al final nunca lo demuestra. Aburrido y monótono.
Aunque tengo sentimientos encontrados, me parece una novelita buena por momentos. Le falta profundidad, y siento que tiene demasiada repetición respecto a lo narrado: suicidio, odio a Suiza y violencia. No está mal pero podría estar mejor.
Una ficción oscura, poética y corrosiva que expone los males y dolores de una pequeña sociedad como la Colonia Suiza. ¿O serán esos males solamente la visión de un loco encerrado en un manicomio? Un libro recomendado, corto, intenso y algo perturbador.
Se vuelven muy repetitivas las menciones en torno al clasismo, racismo y la violencia. Mantiene toda la novela el mismo tono, me resultó aburrida y de a ratos superficial en relación a los temas que toca, la repetición sin ir más allá le juega en contra
'En alguno de esos soldados sin piernas o sin ojos, o a punto de morir del cansancio, en el semen vencido de uno de ellos venía el gen de mi familia, como bicho de barco'.