Viajar a Escocia para la boda de su amiga Rocío es mucho más que una aventura para Laura. Es una oportunidad de reconducir su vida, que ha cubierto el cupo de drama y de desdicha, así que con la decisión tomada, hace las maletas y sale pitando, confiando en que con un poco de suerte y otro poco de ayuda, algo podrá hacer. El recibimiento que le dispensan por supuesto es inmejorable, aunque la pilla un poco nerviosa y desubicada y, para colmo, aparece él, Rob.
Los primeros encuentros son memorables, porque prácticamente todo lo que puede salir mal, sale mal. Laura tiene un gafe que no es normal, y Rob tiene una paciencia que parece infinita, porque anda que no le hace desplantes y no le pone malas caras. Pero los dos son igual de testarudos y el highlander ha decidido que esa mujer es SU MUJER, y esperará lo que haga falta hasta que ella se dé cuenta.
Pues sí, Laura es un desastre, pero es inevitable cogerle cariño, porque por un lado es fuerte, pero por otro tan vulnerable que solo puede tratar de ocultarlo mostrando un descaro y un desparpajo que más que rayar lo borde, lo pasan de largo por varios pueblos. Aun así, no lo logra del todo, y la fragilidad se le ve cada cierto tiempo, por mucho que le fastidie.
Rob es un tipo de lo más cabal, un poco bruto, buena gente, cabezota como él solo y también con un puntito sensible que lo hace especialmente atractivo. Cuesta entender por qué Laura lo rehúye con tanto ahínco, con lo mono que es. Aunque bueno, también se intuye que es una causa perdida, porque hay que estar muy loca, o muy ciega para conseguir resistirse.
Los personajes secundarios aportan con mucha gracia tanto momentos divertidos, como otros muy tiernos y hasta algunos que te tocan el corazoncito. Colin y Rocío protagonizan algunas escenas memorables (casi siempre provocadas por la precipitación de Laura). La verdad es que más de una vez se me ha escapado una risita en el metro mientras lo leía. Qué buena forma de empezar el día, ¿verdad?
Tiene también su puntito dramático, suficientemente intenso como para ponernos un pequeño nudo en la garganta, y dejarnos al final con esa sonrisa tonta y satisfecha que te dejan en la cara las novelas románticas bien resueltas.
Me ha gustado mucho acompañar a Laura a las Highlands y enamorarme con ella de sus paisajes, sus costumbres y sus gentes, en especial de ese highlander rubio tan entrañable como testarudo. Si no la habéis leído, os animo a darle una oportunidad.