La publicación de El Primer Libro (1985), de Soledad Fariña se presenta en la poesía chilena de los ochenta por medio de la misteriosa cualidad de una aparición, como si esas páginas no tuvieran una procedencia rastreable, como si vinieran, sin haber venido, estando siempre allí, de ninguna parte; proyectando, a partir del despojo instantáneo de su invisibilidad, una distancia, aún hoy acechante, con respecto a las maneras de escribir poesía de entre las demás obras del periodo y, más aún, por medio de un estado poético que no oculta la raíz de su no saber y el reverbero de su no poder decir- su "no se qué que quedan balbuciendo"- y los arroja sobre la posibilidad de dirimir una poética y de hacerla convivir diferenciada, conflictivamente, en el lecho de lo que hasta ahora se ha considerado la marejada de una sola corriente, la emergencia de las escrituras de neovanguardia.
Estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Chile y Licenciatura en Filosofía y Letras en la Universidad de Estocolmo, Suecia. Dentro de su obra destacan títulos como El Primer Libro (Ediciones Amaranto, 1985), y el texto Albricia (Ediciones Archivo, 1988. En el año 2022 fue galardonada con el Premio Municipal de Literatura de Santiago, categoría ensayo, y en el 2024 obtuvo el Premio Mejores Obras Literarias del Ministerio de las Culturas de Chile, género poesía, por el libro Siempre volvemos a Comala (Editorial USACH, 2024). A lo largo de su trayectoria, sus textos han sido traducidos al inglés, francés, italiano y catalán, además de ser incluida en diversas antologías de poetas chilenos.
La forma en que Fariña escribe es increíble, es realmente una genia para la musicalidad y tiene una facilidad para que las letras parezcan fluir y deformarse