Teresa Puppo es artista visual y escritora. Fue directora editorial de la revista ARTE y asidua colaboradora del Suplemento Cultural del diario El País como ilustradora. Es integrante y cofundadora de la Fundación de Arte Contemporáneo. Como artista, la experimentación ha sido la constante en su trayectoria. Sus prácticas artísticas habituales son multidisciplinarias, incluyen la pintura, el dibujo, el video, la poesía, la performance, la foto y video performance y, desde hace algunos años, la film performance y el cine experimental. Sus últimas obras incluyen textos y poesías de su autoría. Ha desarrollado distintas modalidades de arte de acción que evolucionaron hacia la performance poética y política, centrándose en la investigación sobre temas decoloniales. En su trabajo convoca, organiza y forma parte de performances colectivas.
Fue una experiencia bastante extraña. Una antología de cuentos bastante particular en la que conviven unas temáticas circulares con muerte, violencia y hasta cosas algo sobrenaturales.
Me hizo acordar a «Continuidad de los parques» de Cortázar en lo circular de los relatos, pero también con dejos de cosas descabelladas tienen un tinte a Horacio Quiroga. También el usar imágenes cotidianas de la cultura uruguaya, le da un plus excelente.
El cuento de «El gatito» me sigue haciendo mella, porque bueno, siendo amante de los gatos, esa imagen me pego fuerte. Aunque tengo que decir que el de «Natalia, mi prima» me hizo sentir un escalofrío de algo muy patente y que no se menciona cómo lo es la violencia doméstica pero cuándo viene de una figura maternal.
En fin, me pareció una antología muy buena, la autora tiene una forma de escribir que te atrapa y te arrastra a cada paso a hundirte más en el relato.
El libro de Puppo reúne once relatos, aunque sólo me referiré a los primeros diez. La primera impresión, que luego nos acompaña en todo el libro, es el de un ritmo y cadencia suaves, un estilo sencillo y una musicalidad de fondo -como al final del sonido de las palabras-, que nos hace agradable la lectura.
Hay dos vertientes principales en la estética de Puppo. Por un lado, nos presenta textos circulares, esto es, diegéticamente circulares, en los cuales las identidades y las claves de propiedad de las narradoras son suplantadas por otros personajes narrados, que a su vez toman el lugar de la narradora inicial. Ejemplos de estos textos son "Mujer de rojo" o "El destino".
Estos relatos, por lo general breves, y de no más de un par de páginas, están delicadamente escritos; el ejercicio narrativo de la circularidad nos arroja una sensación de naturalidad, incluso si el acto de suplantación circular sea predecible o no. La clave creo que está en la voz narradora, que en el texto ya es sólo voz, ya no nos importa si es "protagonista", "personaje", "actante", etc; sus límites conceptuales narratológicos han sido sombreados como en carbonilla, y lo único que podemos hacer es acompañar el recorrido del círculo. El lenguaje cercano a la anécdota, pero pulido y sin pretenciosidad, evita que suframos su presencia en la ejecución del artificio. Son textos cortos, bellos, difíciles de ejecutar.
La segunda vertiente de textos que nos presenta Puppo -que se traslapa a veces con la primera- son textos donde la posesión y la muerte son las figuras estéticas. Textos como "Hora de la siesta" o "La vieja Clorinda", donde la función del personaje es poseer algún elemento del relato, por lo general un animal, que culmina con la muerte del animal o del personaje. Las narradoras de Puppo disfrutan con este acto de posesión; parecen buscarlo, saborearlo a medida que ocurre: mientras se destaza un gato, una oveja, o mientras otro gato se prepara a cenarse a la protagonista. Quizá una glicina nos dé un abrazo que no podremos rechazar. El texto "Natalia, mi prima", que es el más extento, logra reunir ambas vertientes de circularidad y posesión, muerte y soledad melancólica. Es probable que su extensión juegue un poco en contra con la belleza de su ejecución.
El segundo texto, "Así nomás", sale de estas propuestas. En el relato, un hombre acosa a la protagonista; y la escritura de Puppo narra el litigio que ésta debe experimentar y librar para recuperar su carácter agencial, para responder al acoso, a la instancia de abuso. El abusador, así como en nuestra imagen copa los espacios de la protagonista, también copa el espacio del texto. El arte de Puppo culmina con un final nuevo, muy exacto, narrativamente económico, perfecto.
Todos los personajes son bastante solitarios, y en cierto sentido melancólicos. Es una propuesta interesante la de Puppo.
El último texto del libro, "Un sonido afónico", es, lamentablemente, liso y llano ripio. Revoque. Restos hallados en una volqueta. Debido al trabajo estético de Puppo a lo largo del libro, es imperdonable que esta pequeña muestra de basura narrativa esté allí, y creo que Puppo debe ser criticada por ello. Veamos la metáfora del relato: una mujer que descubre duendes (o extraterrestres) verdes, cuya misión en la Tierra es buscar porro para fumar; otra mujer -la narradora- que confirma este desvarío, y un desenlace final donde los duendes o marcianos verdes causan orgasmos en las mujeres, tan sólo con el poder de la mente. Huelga decir que ni el más ajedrezado simbolismo, alegoría o supuesta referencia performática a una teórica locura metarreferencial puede salvar este tipo de bodrio. Y así como el revoque no comparte nada con el antiguo edificio que formaba, este texto no encaja en absoluto con el resto del libro. Espero que en sucesivas ediciones desaparezca de los libros de Puppo.
Fue una grata sorpresa leerlo. No suelo leer muchos libros de cuentos porque me terminan por gustar muy pocos de las colecciones, pero en este caso no fue así. La mayoría son muy buenos, con una narración sumamente interesante y abordando temas que me interesan y no había logrado encontrar demasiado en Uruguay, aunque ojalá me equivoque y me suceda como con este libro, que lo conocí de casualidad y me encantó.