MUZUNGU BLUES “En la breve noche humana, los caminantes iniciados en los secretos del mundo son quienes encienden los faros. Y en el andar, único e irrepetible, lo que sus ojos descubren es lo que su alma buscaba”, asegura Horacio Tato López en Muzungu blues, su diario de viaje por África, donde relata una parte de lo que le tocó vivir en un periplo de seis meses desde Kenia hasta Sudáfrica, pasando por Uganda, Ruanda, Tanzania, Malaui, Zambia, Botsuana, Zimbabue, Mozambique y el reino de Suazilandia. Desde su experiencia con la mochila, afirma que “Viajar puede ser un acercamiento crítico a la larga jornada del ser humano; un intento por entender las relaciones de dependencia entre regiones y sus conflictos. Es una oportunidad de enriquecer lo parcial en busca de lo total. Viajar es abrir la puerta del conocimiento”. Muzungu, que no tiene nada de despectivo, es como en gran parte de África se llama al hombre blanco. Horacio Rodolfo López Usera (1961), que nació, creció y vive en Uruguay, insiste en que lo llamen Tato. Durante dos décadas se dedicó profesionalmente a su pasió el básquet. Al retirarse, mochila al hombro, vagó por el mundo más de un lustro. Ocasionalmente, aún lo hace. Periodista televisivo y escrito, formado como entrenador de básquetbol y operador terapéutico en adicción, ha publicado en forma independiente seis libros. Algunos de los momentos más importantes de su carrera como basquetbolista profesional —Debutó con la selección adulta a los quince años. —Goleador Olímpico en Los Ángeles 84. —Mejor jugador de los Sudamericanos de Selecciones Medellín 85 y Valencia 91. —Goleador de la Liga Argentina 87 y de la Liga Brasileña 89. —Mejor jugador extranjero de la Liga Brasileña 88 y de la Liga Argentina 92. —Goleador del Torneo Preolímpico Portland 92. —A los treinta y cinco años de edad, promediando 31 puntos por partido, se retiró. —En el año 2007 la FIBA lo distinguió como Leyenda Latinoamericana del Básquetbol.
La manera de escribir del escritor es buena, me hizo imaginarme sus situaciones vividas en África. Por momentos su narración parece ser un poco arrogante. Destaco el pequeño homenaje hacia su padre.
Empecé leyendo este libro contenta de que otro uruguayo hubiera hecho un viaje similar al mío de forma menos convencional, pero la verdad me decepcionó. El yoismo de toda la narración y la forma de creerse que su viaje era TAN especial y único aburre. El autor se cree el primer muzungu (blanco en suajili) en recorrer los países que hace con aprecio a la gente y a los paisajes, pero para sorpresa de nadie esto no es así. Además un editor no le hubiera venido más porque hay inconsistencias y errores de tipeo y ortografía.
Ya quería viajar a África, y ahora quiero aún más. Diario de viaje, mezclado con historia de África, y un epílogo hermoso y personal de Tato. Me encantó!