“Y ahí lo tenía: no más alto que yo, la piel blanquísima, el cabello claro y rizado; rizos y rizos que enmarcaban una cara que merecía estar en todas las monedas, en todos los billetes, en todos los retratos de todas las galerías del mundo. Por primera vez, Ariel se me presentaba como un aura de lo que podría llegar a ser.”
Me acabo de leer Ariel y los cuerpos de Sebastià Portell y aquí si no sé ni por dónde empezar a contarles que me pareció. Es un libro curioso, bastante enredado, creo que es una especie de juego mental en el que o sales muy confundido o quizá logras resolver el gran misterio que hay en él.
Lo que sí puedo darle es una excelente critica a la manera en que fue escrito, en especial la primera parte, goza de una lirica tan preciosa que es imposible no perderse en ella. Las descripciones, las conversaciones son todas tan bonitas, aun cuando el fondo de la conversación sea un poco hiriente o fría.
“Nos dimos un abrazo de primerísima necesidad. Mi pecho le perseguía y sentía que el suyo también lo hacía. Me gustaba notar, con la excusa inalienable del calor, las formas de su cuerpo. Aquellos espacios para hacer preguntas.”
Está dividido en dos partes, la primera, Ariel y el nonato, nos narra el encuentro de un chico de quien no se nos brinda un nombre, nada más que acaba de perder a un ser querido y le está velando, con otra persona, alguien a quien le asigna el sexo masculino y se refiere a ella como “hombre” sin que la persona se defina como tal, una persona misteriosa que cambiará su vida por completo.
Este personaje tan intrigante dice llamarse Ariel y es quien toma el primer paso para hablarle al otro mientras están en la funeraria. Este encuentro despierta en el chico un gran interés, una especie de enamoramiento a primera vista, pero no hay ningún número de teléfono, correo o alguna manera de contactarle para verse en un futuro.
Conforme pasan los días y semanas, Ariel irá apareciendo repentinamente en espacios del otro chico, a quien Ariel nombra Eugeni, y lo irá sacando de su “normalidad”. Lo espera fuera de su trabajo, fuera de su casa, dentro del gimnasio…si todo esto suena un poco raro, incluso un poco perturbador, pero la manera en que Eugeni describe los encuentros, el miedo o la incomodidad parece disiparse y brinda espacio al enamoramiento.
Se ven, se besan, se abrazan, pero nunca tienen sexo, Ariel no lo desea, sólo quiere hablar y compartir el tiempo con Eugeni. Este último desea algo más concreto, algo a lo cual ponerle nombre, pero Ariel parece no entender lo que el otro quiere. Ariel tiene una mentalidad muy diferente a la de muchos, a la de todos incluso. Y así, entre encuentros furtivos, encuentros frustrados, clases de matemática, de física, de química, irán encontrándose y quebrandose de a pocos.
¿Todo suena bien no? Y lo es, pero conforme avanzas en la primera parte vas comprendiendo que “Eugeni” se encuentra en una especie de hospital mental, encerrado tras un accidente en el que trata de convencer a sus “médicos” de que Ariel existe, que Ariel irá por él…que Ariel cambio su vida.
“Me decía que no entendía la necesidad de saber dónde se encuentra el hogar de la persona a la que amas, si hogar es el lugar donde se encuentran dos personas.”
La segunda parte, Ariel y el estrábico, viene como algo después de un quiebre, algo se rompe en el libro y no entiendes que pasa. Es como si fuera una historia totalmente diferente en la que conoces a David, un escritor de Barcelona con un problema de estrabismo que empieza a enviarle correos a quien podría ser su ex, Sara, otra escritora que ha conseguido una especie de beca en el extranjero y con quien las cosas parecen no haber terminado bien.
Toda esta segunda parte es un ir y venir de correos entre ellos dos, hablando de su pasado, de lo que no pudieron ser, de lo que David hacia mal y lo que Sara por “enamorada” soportaba. También le habla de Elies, el editor de David quien lo esta presionando ya que debe entregar un nuevo libro próximamente, pero David le huye, lo evade, no tiene ni idea de que escribir.
Pero el nombre de Ariel aparece nuevamente, se entromete entre ellos dos de una manera extraña. Ariel, de nuevo apareciéndose de la nada, de nuevo siendo misteriosx pero en esta parte, David habla de Ariel como mujer, su nueva “novia”, su nuevo amor. Alguien que ha llegado a su vida y parece no salir de ella, aunque David lo desee. La historia desde este punto se vuelve muy oscura…incluso provoca un poco de miedo.
De repente David tiene una idea para su libro, una especie de autobiografía y ficción sobre tres niños, Arnau y Ariadna Estalella y Elvira, la huérfana…en la segunda parte del libro te topas con extractos oscuros e incluso violentos de esta novela en proceso que poco a poco se van apoderando de la realidad de los demás personajes hasta llegar a un final tan extraño como sombrío.
“Ariel es un cúmulo de problemas. Ariel es aislar la X. Ariel es un cine que no cierra. Ariel es silbar una canción inventada y que alguien la reconozca. Ariel es que te paren por la calle, tener dolor de huesos. Ariel es tener un miedo espantoso. Ariel es accionar un extintor de espuma seca. Ariel es mil incendios y una inundación. Ariel es un desastre natural. Ariel es respetar, dormir ocho horas, comer huevo crudo. Ariel es seguir las eses de las orejas de alguien. Ariel es querer a los demás tan poco como se quiere a uno mismo. Ariel es desahuciar.”
Decir que el libro no me gusto sería injusto para esa lírica tan endulzante que tiene, creo que lo mejor es decir que es un libro que no logre comprender, con el que no logre conectar, que no logre desenvolver su significado y claro, con algunas partes que me causaron un desagrado muy grande por la violencia que alcanza en las últimas páginas.
Es un libro que no sé si recomendaría por la misma razón. No puedo venir a decirte “oye, lee esto” cuando yo no logré ponerle pies y cabeza o al menos eso creo. Pero como siempre, la invitación a que lo lean está aquí, quizá alguien pueda descifrarlo y brindarme un poco de luz al respecto.
O quizá esa sea la verdadera razón de ser para Ariel y los cuerpos, no tener la estructura de un libro cualquiera, ser diferente, estar entre la lírica y la prosa como ese personaje de Ariel tan enigmáticx y misteriosx.
“Nadie está por encima de otra persona para decidir si merece o no su perdón.”