He aquí una novela de formación que pasa por la deconstrucción de cierto izquierdismo latinoamericano de las últimas décadas del siglo XX. Ello se lleva a cabo a través de la búsqueda (y pérdida) de un padre evanescente y autodestructivo. Las páginas de Carrión se caracterizan por un ritmo propio, resultante de una síntesis fragmentaria y entrecortada. El protagonista formula preguntas sobre el sentido de la paternidad, la responsabilidad y los a veces inhumanos ideales.
Ernesto Javier Carrión Castro (1977, Guayaquil), escritor ecuatoriano. Ha colaborado con la prensa escrita, realizado trabajos de crítica literaria, ejercido la docencia y participado en encuentros literarios fuera y dentro de su país.
Textos suyos han aparecido en revistas y antologías latinoamericanas. Ha trabajado en poesía el libro La muerte de caín, cuarteto formado por los poemarios: El Libro de la Desobediencia, 2002; Carni vale, Premio Nacional de Literatura “César Dávila Andrade”, 2002; Labor del Extraviado, 2005 y La Bestia Vencida (inédito). También participó en el libro colectivo Porque nuestro es el exilio, Eskeletra editores, Quito, 2006. Actualmente trabaja en el quinteto Los duelos de una cabeza sin mundo. El poemario Demonia Factory -parte de ese nuevo trabajo- ganó el VI Premio Latinoamericano de Poesía Ciudad de Medellín, 2007.
Un hombre aparece muerto en el congelador de un bar de mala muerte. Más tarde se sabrá que era un bar de ambiente (eufemismo para bar de travestis y homosexuales). El hombre era un abogado y fiscal de Guayaquil, comunista, admirador del Ché y juerguista legendario. El hombre era un padre ausente más preocupado por las causas sociales y la farra que por sus hijos. El hombre bailaba al ritmo de la mejor canción de salsa de todos los tiempos, Sonido Bestial de Richie Ray y Bobby Cruz, y su hijo asociará desde siempre esa compleja y brillante composición con ese hombre, su padre, más bien, su amigo. Ese hombre es el padre de Ernesto Carrión, el autor de este libro. Ese asesinato ocurrió en la vida real.
Estamos entonces frente a una especie de novela autobiográfica, aunque no sé qué tanto tenga de auto-ficción. Lo que sí es claro es que Carrión utiliza los mecanismos literarios del lenguaje para crear una prosa de ficción que cuenta una historia real.
Recuerdo bien la noticia del hallazgo del cadáver de este hombre en un congelador hace más de una década porque era algo truculento y escalofriante. Quise saber quién era ese hombre, por qué llegó hasta allí y qué pasó con su familia. Tiempo después supe que era el padre de este escritor al que en ese tiempo aún no había leído, creo que aún no publicaba novelas sino sólo poesía. Hoy, años después, leo esta novela con una curiosidad humana y literaria. Me entero que su última novela publicada (y que leí hace un tiempo), Triángulo Fúser, que trata sobre los cuarenta días que pasó el Ché Guevara en Guayaquil antes de convertirse en guerrillero, en realidad fue escrita antes que esta, y que su padre supo de ella un año antes de morir. Lo que insinuaba en esa novela (la posible bisexualidad del Ché) era una especie de afrenta a su padre, quien idolatraba a Guevara y a la Revolución Cubana.
Ahora bien, la nueva edición de esta novela que acabo de leer no es esta que sale en Goodreads, que es la primera edición de 2016. La que he leído es una nueva edición de 2024 con una versión extendida. Un capítulo más que cierra la narración temporal de esta historia: el juicio y un posible mensaje final en video de su padre. No obstante, la novela pese a mezclar tiempos por momentos, sigue en cierto modo un relato lineal pero cada capítulo es casi independiente del otro y las líneas temporales pueden ir y volver, y quizás ello no está tan bien logrado. No como el primer capítulo que es sobresaliente, lleno de sustancia y con una prosa y un ritmo precisos, además de una trama que promete y que engancha al lector. Los demás capítulos mantienen el interés pero quizás hay desniveles, no obstante, lo profundo, lo sustancial de esta novela es el tratamiento de esa relación fallida entre padre e hijo, a la cual el autor prefirió denominar "amistad", como para curar o justificar cualquier herida de abandono. Ese contacto entre dos seres extraños y cercanos a la vez, en medio de un país convulso, con el recuerdo de una época de utopías planeando sobre sus vidas, la época de los ochentas, cuando surgió un grupo irregular armado en Ecuador, los Alfaro Vive Carajo, quienes fueron amigos del padre de Carrión, que incluso sacó de la cárcel a varios de ellos.
Esos recuerdos de un padre jaranero, bebedor, idealista, abogado proletario, el verdadero "hombre futuro", según las ideas del Ché, se mezclan con las visitas a Cuba del protagonista/autor siendo un adolescente, conociendo el sexo y el amor, y luego la descripción de la inevitable caída a la realidad del fin de las utopías de izquierda. Una novela que se zambulle en pocas páginas en las profundidades de las relaciones humanas, y que toca de prisa pero con fuerza la historia de un país y un continente como si estuviera pasando la mano por una fila de libros que contienen la historia social de aquellos años revolucionarios.
Una novela que juega entre la realidad y las opiniones del autor. Una imagen paterna dulcificada desde la perspectiva de un hijo, pero al mismo tiempo deconstruida por las anécdotas del personaje con su padre. Ernesto Carrión juega desde la primera persona del singular, atravesando por sus propias vivencias para construir al personaje de GUILLO, un padre ausente que no pierde su autoridad a pesar de compararlo con un amigo. Entre los diversos pasajes se puede entender el perfil psicológico de ambos personajes y la fricción que existe entre ellos. La relación filial entre padre e hijo que se construye y deteriora al mismo tiempo. Un hombre ve a su padre como un héroe, en este caso un idealista que lucha por una ideología comunista, para descubrir que solo es un hombre común con sus defectos y virtudes. Este hombre que necesitaba esa figura en su vida para formar su carácter. Opinión personal, me sirvió leer este libro porque pude entender el vínculo con mi padre. El cariño siempre va a estar, pero hay que escoger bien lo que vamos a repetir de la historia.
Una nouvelle muy cinematográfica, ágil. Además es entrañable y amena de leer. Hacia la recta final se vuelve sumamente interesante, tanto en historia como en forma. Y lo mejor es que cierra muy bien los finales de cada capítulo. El final está muy bien logrado y vuelve la novela entrañable. Me pareció excelente como historia. No creo que arriesgue en forma. Y no le hace falta: la historia va ganando fuerza. El personaje del padre está muy bien construido. A pesar que leí la novela hace unos cuantos años, aún me lo puedo imaginar: el arquetipo del burócrata que ronda por la gobernación, con un par de vicios a lo Assad Bucaram y con algún viento del Che Guevara en el cabello. Tal como está en la novela, es memorable y pienso que lo consolida como un personaje destacado en la literatura ecuatoriana. Y esta fijación del padre del autor (en quien se basa el personaje de la novela) por el Che Guevara lleva claramente a deducir que por esa razón le puso a su hijo el nombre de Ernesto.
«Cómo iniciar la historia sobre la vida de un hombre al que apenas conocí. Y cómo ensamblarla sin obviar detalles importantes y sin exagerar detalles quizás sin importancia».
Una obra que empieza con la muerte y termina con el descubrimiento de uno mismo.
Esta obra de autoficción retrata a Carrión descubriéndose luego de la muerte de su padre. Ernesto recuerda cómo la relación con su padre, distante y presente dependiendo las épocas, fue intensa y absoluta, pero llena de sumisión. No se basó en reproches y más bien se basó en el aprendizaje y la conversación por el espíritu izquierdista latinoamericano del siglo XX. Carrión se da cuenta de todo esto y mucho más al escribir esta obra y hasta poco antes de la muerte de su padre.
4.1 - Si es cierto o no, que las historias más íntimas son también las mas universales, al menos lo es en el caso de Un Hombre Futuro para el hombre latino. Una pequeña novela/memoir que nos conecta con esa herencia inoportuna que nos dejan nuestros padres, el quehacer ideológico como estrategia de evasión de nuestro deber familiar, la masculinidad descarriada que no se atiene a consecuencias, y el proyecto fallido de un país al que debemos rescatar. Sin embargo, aquí no hay víctimas ni victimarios ni absolución, solo los cueros de dos generaciones puestos al sol y la idea improbable de hallarle un desenlace a esas historias.
Otra novela de Ernesto Carrión que siento llena de potencial, pero que finalmente no siento materializarse del todo, o que pareciera culminar antes de empezar realmente. Como que la chispa de la idea se fue y Carrión decidió llegar hasta allí. Sea como sea, la novela está poblada de interesantes reflexiones sobre la izquierda ecuatoriana de los 80 y sobre Alfaro Vive Carajo.